Noche de sexo

Hacía tiempo que no nos veíamos, él había estado de viaje y acordamos vernos nada más regresara a nuestra ciudad. Como siempre me esperaba a la salida del metro y según nos encontramos nos fundimos en un largo beso, que seguro fue la envidia de todo aquel que pasara por allí. Hecho esto nos subimos en su coche y nos dirigimos al hotel donde habíamos reservado para pasar la noche.

Me vestí como a él más le gustaba: un corto vestido negro, medias negras de rejilla con su correspondiente liguero, ropa interior también negra y unos zapatos de tacón de aguja. Nada más entrar en la habitación se abalanzó sobre mi, arrancándome el vestido y dejándome medio desnuda a sus ojos. Yo me quedé quieta junto a la cama, mientras él daba vueltas a mi alrededor observando cada centímetro de mi cuerpo. De vez en cuando acercaba una de sus manos para acariciarme brevemente el culo o un pecho. Después de esta “inspección” me empujó contra la cama y caí de cara sobre ella, agarro mis brazos y los echó hacía atrás, atando a continuación mis muñecas con unas esposas que llevaba. Tiró de mi cintura haciendo que quedara a cuatro patas y en esta postura bajó mi tanga dejándolo a por mis rodillas y acercó su cara a mi entrepierna y comenzó a chupar.

Con sus dedos separó mis labios y usando la lengua empezó a dar largos lametones que me recorrían desde mi vagina hasta la entrada de mi trasero. Fue ayudándose también con los dedos, introduciendo un par de ellos en mi coñito mientras su lengua estaba entretenida con mi ano para luego cambiarlos de agujero mientras su lengua cambiaba también. No paró de hacer esto hasta que hizo que llegara al orgasmo, inundando su boca con mis fluidos.

Sin perder mucho tiempo se quitó toda la ropa, quedando desnudo tras de mi. Acto seguido me penetró de un solo golpe, facilitado por los restos de mi corrida. Bombeaba sin parar, agarrando la cadena que mantenía mis muñecas unidas para darse más impulso, haciendo que mi torso se elevara de la cama al ritmo de sus embestidas. Tuvo que frenar un poco el ritmo para no correrse también él y aprovechó para empezar a jugar con sus dedos en mi culito. La entrada aún estaba lubricada por su saliva y sin demasiado esfuerzo logró meter uno de sus dedos, comenzó a sacarlo y meterlo, girándolo cuando estaba dentro hasta notar que estaba preparada para aceptar un segundo dedo. Todo esto mientras su polla seguía bombeando suavemente en mi interior.

Sacó sus dedos de mi trasero y agarrándome de la cintura comenzó a follarme salvajemente de nuevo hasta conseguir que me llegara otro orgasmo. Volvió a frenar el ritmo y cogiendo un consolador lo llevó hasta mi boca para que lo lubricara con mi saliva. Cuando estuvo satisfecho con el resultado, lo llevó hasta mi culito y poco a poco comenzó a introducirlo hasta que lo dejó completamente alojado en mi interior. Agarrándome esta vez del pelo comenzó a follarme fuerte otra vez, haciendo que sintiera su polla llenándome por un lado y el consolador por el otro. Mientras con una mano tiraba de mi pelo con la otra comenzó a azotarme al ritmo de sus embestidas, cada vez que se separaba de mi y antes de volver a llenarme completamente, su mano se estrellaba dolorosamente sobre mis nalgas.

Él ya no podía soportar ese ritmo mucho más tiempo sin correrse, así que después de una embestida final y profunda, sacó su polla de mi interior y se colocó frente a mi cara. Me agarró de nuevo del pelo, haciendo que mi cuerpo se elevara y mi cara quedara frente a su polla a punto de reventar. No hizo falta que dijera nada, abrí la boca y la introduje hasta el fondo de mi garganta, permitiendo que comenzara a follarme la boca. Rodeándome la cabeza con sus manos comenzó a incrementar el ritmo, metiendo su polla cada vez más profundamente hasta provocarme arcadas. Minutos después se corrió en mi boca y tal y como solíamos hacer nos fundimos en un largo beso en el que se mezclaron nuestras salivas con los restos del semen de mi boca.

Se separó de mi y fue al baño a darse una ducha rápida, dejándome mientras tirada de bruces en la cama, con las muñecas a mi espalda y mi enrojecido culo abierto aún por el consolador.

Fantasías

Siempre esperas conocer (si no has encontrado ya) a esa persona que te complemente en todos los aspectos de la vida, que tenga los mismos gustos que tú, tus mismas aficiones, tus mismas fantasías. A veces, cuando me voy a la cama me pongo a pensar en ello, como sería mi hombre perfecto, que me gustaría hacer con él o que me hiciera.

Suele ser un hombre algo mayor que yo, tampoco mucho, cuatro o cinco años. Ingeniero o similar, al que le guste la tecnología. Por otro lado, también tiene que tener cierto instinto protector hacía mi, que me cuide, me mime, se preocupe por mi. En mis sueños me enamoraría de él cuando me salvara de algún problema: me defendiera ante unos ladrones, me levantara de una caída, me prestara su abrigo cuando tengo frío… También tendría que tener una personalidad dominante, que no se dejara avasallar por mi cabezonería. Formada esta imagen inicial de mi hombre perfecto, habría que profundizar en elementos que no se pueden saber a primera vista y que solo el tiempo puede ir descubriendo. Estos son sobretodo los aspectos sexuales, las fantasías o la manera de disfrutar del sexo que pueda tener. Cada encuentro sexual debería ser distinto, con un punto de sorpresa, sin saber a ciencia cierta lo que te vas a encontrar cada vez que os acostáis.

La primera vez debería ser bonita, tradicional: desnudarse poco a poco, disfrutar del cuerpo del otro con caricias y besos, todo pausado, lento, deleitándose en el placer que se esta dando y recibiendo. Sin ninguna innovación, solo el acto en si, sin juegos ni situaciones imaginarías, el amarse por amarse, el demostrar que estas dispuesta a pertenecerle. Después de esa primera vez, ir poco a poco introduciendo nuevas situaciones en las relaciones, adoptar papeles, usar juguetes, explorar nuevas formas de potenciar el placer al fin y al cabo.

Una noche sorprenderle con un nuevo conjunto de ropa interior que deje poco a la imaginación, enfundada con unas medias de rejilla negras y unos altísimos zapatos de tacón. O esperarle desnuda y abalanzarte sobre él en cuanto llegue a casa. O estimularle la próstata mientras le realizas sexo oral. Él por su parte un día adoptará el papel de maestro enfadado, de jefe estresado o de violador en potencia. Un día te pondrá sobre sus rodillas sin mediar palabra y comenzará a azotarte recordándote lo mala que has sido, otro día llegará cansado del trabajo y sólo querrá que le satisfagas con la promesa de que otro día te devolverá el placer que reciba, al día siguiente te agarrará cuando menos te lo esperes y te follará salvajemente sin que puedas hacer nada para impedirlo.

Otro de los hitos en una relación, es la primera vez que te lo haga por detrás. Para mi es más importante que la primera vez en general, demuestras una pertenencia plena hacía él y por tanto debería ser especial. Las situaciones podrían ser muchas, desde un castigo por haberte portado mal, el pago de una deuda o simplemente hacerlo sin florituras de por medio. Pero que demuestre cuidado, que no la meta sin más, que vaya poco a poco, te dilate con sus dedos o con algún juguete para tal efecto. Que adopte el papel de médico que te tiene que explorar, que con cuidado te meta un termómetro por el culito, para luego dar paso a sus dedos, estos que los sustituya con un consolador que permanecerá en tu interior mientras sus dedos se abren camino por tu coño. Así, infinidad de situaciones que lo hagan diferente, especial.

En el cine

Pocas veces he ido a ver una película española al cine y de hecho pocas veces veo una en casa, pero una noche aburridos sin nada que hacer decidimos ir al cine a pasar el rato. La cartelera era poco interesante y a él le habían dicho que la película estaba entretenida, así que allí nos metimos. En total estábamos 8 personas en la sala, contándonos a nosotros, las butacas no eran numeradas, así que como era de esperar nos sentamos cada pareja lo más alejado posible de los demás.

La película, como era previsible, era un coñazo infumable: empezaba con un tío feo follándose a una chica mientras intentaba ver a la vez un partido de fútbol… Puedo decir que es lo único que vi de todo el film, después de ver el espectacular comienzo me entretuve en otros menesteres más entretenidos. Comenzamos a besarnos y a meternos mano descaradamente (con la poca gente que había era imposible que nadie viera nada, además, estábamos sentados justo al final de la sala, los demás estaban más hacía delante). Sin perder mucho tiempo se bajó los pantalones y sacó su bien dotado miembro a la vista, agarrándome de la cabeza me empujó hacía abajo para que comenzara a chupársela y así lo hice, recorriendo su polla desde la base hasta la punta con mi lengua, para luego introducirla poco a poco en mi boca. Con un leve empujón la metió hasta llegar al fondo de mi garganta y una vez así comenzó a follarme la boca sin pausa. Cada vez que la metía hasta el fondo me producía unas pequeñas arcadas, que lejos de disgustarle le excitaban aún más.

Tiempo después me permitió levantarme y volvimos a besarnos en la boca mientras sus manos se peleaban con mi pantalón tratando de bajarlo, al final, para ayudarle me puse de pie y así bajo mis pantalones y mis braguitas de una sola vez. Me senté sobre él dándole la espalda y en esa posición me penetró mi ya bien lubricado coñito. Apoyé las manos en el respaldo de la butaca de delante y así dándome impulso con los brazos empecé a subir y bajar metiendo y sacando su polla totalmente de mi interior. Yo estaba tan excitada que notaba como chorros de flujo se resbalaban entre mis piernas mientras continuábamos con el mete-saca en el que estábamos inmersos.

De nuevo cambiamos de postura, esta vez me senté de frente a él, con las piernas a un lado y agarrada a su cuello, por lo que todo el movimiento lo tenía que hacer él haciendo fuerza con las piernas y elevándome y bajándome con sus brazos. Mientras lo hacía yo no paraba de lamerle el cuello, haciendo círculos con mi lengua, acercándome a sus orejas y arañándolas con mis dientes.

Ya no aguantábamos mucho más ninguno de los dos y al final llegamos los dos al orgasmo a la vez, fundidos en un interminable abrazo. Cuando elevamos la vista vimos que empezaban a salir los títulos de la película y comenzaban a encenderse las luces de la sala, justo a tiempo para recomponer nuestra ropa y salir de allí como si nada hubiera pasado.