Tanta falta de motivaciones y quehaceres debió de preocupar en exceso a mi compañero, pues sin previo aviso se abalanzó sobre mi y poniéndose sobre mi cuerpo me dijo que no había mejor manera de pasar el tiempo que con sexo. Empecé a negarme pero antes de que el segundo no hubiera salido de mi boca, él ya se las había apañado para bajar mis pantalones hasta los tobillos. Intenté apartarle empujándole con mis manos, pero con un rápido movimiento me agarró ambas muñecas con una de sus manos y las sujetó por encima de mi cabeza. Así, con la otra mano me desprendió también de mis braguitas y él de sus pantalones y sus boxers. Haciendo fuerza con sus piernas separó las mías y chupándose previamente los dedos, los introdujo con bastante dificultad por mi vagina.
Yo no era virgen ni mucho menos, pero dada la situación no estaba excitada y la falta de lubricación hacía que tener tan solo dos dedos suyos dentro me pareciera que había metido toda la mano. Siguió con sus manipulaciones hasta que cansado de no conseguir excitarme sacara sus dedos y empezará a empujar con su polla, que con dificultad consiguió abrirse paso hasta penetrarme por completo. El dolor que sentía me impulsaba a rebelarme aún más, pero él era mucho más fuerte que yo y al rato deje de intentar luchar y dejarme hacer para acabar con esa tortura cuanto antes. Cuando estuvo seguro de que dejaría de resistirme comenzó a sacar su polla de mis entrañas para volverla a meter, cada vez más y más rápido, hasta que pasados unos minutos se corrió en mi interior.
En cuanto se separó de mi, corrí hacía el baño donde cerrando la puerta me desnude y me duché limpiando los restos de su semen que aún escurrían entre mis piernas. Permanecí en el baño unos instantes más de los necesarios intentando reunir el valor suficiente para enfrentarme de nuevo a él. Ya bastante malo era que me hubieran secuestrado para que además mi compañero de cautiverio me violara también. Cuando me tranquilicé, abrí la puerta y ahí estaba él, tumbado en la cama medio desnudo, como si lo que acabara de pasar no cambiara nada. Indecisa no sabía que hacer, pero sin darme tiempo a reaccionar él lo soluciono. Se levantó y cogiéndome en brazos me llevó hasta la cama, donde me apoyó en su pecho y acariciándome el pelo me dijo que durmiera un poco. Aunque intenté luchar contra la sensación de bienestar que en ese momento sentía, poco a poco me quedé dormida.
Desperté cuando noté sus dedos acariciándome de nuevo entre las piernas. Mientras dormía se las había apañado para quitarme los pantalones y las braguitas. No pude evitar sus avances, al empezar a acariciarme mientras dormía no pude evitar excitarme y sus dedos se deslizaban sin dificultad hacía mi interior. Sabiendo que de nada me serviría luchar como la vez anterior, me deje hacer, pues si bien sabía que no disfrutaría tanto como él, al menos no tendría porque ser una experiencia dolorosa. De nuevo se puso sobre mi y manteniendo mis piernas separadas por las suyas me penetró. Cuando estaba completamente alojado en mi interior, con una de sus manos me cogió de la barbilla y obligándome a levantar la vista, comenzó a moverse mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. Esta vez era tan placentero que no podía evitar excitarme aún más y sin poderlo remediar varios gemidos escaparon de mi boca, siendo como una señal para que él me penetrara aún más profundamente. Al final llegué al orgasmo, mientras él aún mantenía fija la mirada en mis ojos, para luego acompañarme él, derramándose de nuevo en mi interior.
Intenté levantarme para ir al baño a limpiar de nuevo, pero me lo impidió rodeándome con sus brazos e indicándome que volviera a dormir. Cuando despertamos una bandeja llena de comida nos esperaba en el suelo frente a la puerta, sin duda nuestros captores la introdujeron por la trampilla mientras follábamos o dormíamos.
