Mientras dormía

Esa noche hacía mucho mucho frío, dormía acurrucada en sus brazos, tapada con un grueso edredón de plumas sin nada más sobre mi cuerpo. Mi sueño era profundo, nada me perturbaba, me sentía tranquila y feliz conmigo misma.

Pero entre sueños sentía sus manos recorrer mi cuerpo con lentas caricias. Empezó por uno de mis brazos, recorriéndolo con las yemas de sus dedos; siguió recorriendo mi cintura, mi cadera, mis muslos… Con un suave movimiento hizo que quedara tumbada boca abajo y comenzó a acariciar mi espalda. Comenzó por la parte más cercana al cuello y luego poco a poco fue deslizando sus manos hasta el comienzo de mi culito para luego volver a subir, cada vez que repetía el movimiento de subida y bajada sus manos bajaban más hasta recorrer por completo mi trasero. Con sus caricias separaba y volvía a juntar mis nalgas, dejando entrever su estrecha entrada. Tiempo después se centró solo en ellas, acariciándolas enteras e internándose de vez en cuando en el canal que las separa. Sus dedos hacían maravillas, obligándome suavemente a separar un poco mis piernas de manera que pudiera acariciar también mi coñito que se iba humedeciendo por momentos.

Con los dedos de una mano me acariciaba por delante mientras que con los de la otra iba presionando por atrás, pero todo con cuidado, con miedo a despertarme, pues desconocía que llevaba despierta desde el principio y me estaba dejando hacer. Cambió la posición de sus dedos y comenzó a presionar en mi culito con los dedos humedecidos por mis fluidos vaginales lo que facilitó su entrada. Empezó con sólo uno de sus dedos, empujando hasta que entró la primera falange para luego retirarla por completo y comenzar a introducirla de nuevo. Pronto mi trasero se amoldó a ese pequeño invasor permitiendo la entrada sin ninguna reticencia. Envalentonado por este hecho, introdujo más profundamente su dedo en mi interior para luego acompañarlo por un segundo. Siguió con el característico mete-saca hasta que de nuevo pudo meterlos sin ninguna dificultad.

En ese momento y sin ninguna preparación adicional previa, situó su polla en mi entrada posterior y presionando lentamente comenzó a introducirla. Tuve que morder mis labios para que no se me escapara un grito de dolor y descubriera que estaba despierta. Pero poco a poco el dolor fue desapareciendo dando paso a una gran oleada de placer y de nuevo tuve que morder mis labios, pero esta vez para que no se me escaparan los gemidos. Él siguió con su lento avance hasta tenerme totalmente ensartada y al igual que momentos antes hizo con sus dedos, comenzó a retirarse hasta salirse por completo para a continuación volver a entrar, una y otra vez hasta que mi trasero le acogía sin apenas dificultad. Entonces comenzó a bombear más y más rápido hasta que no pudo más y me inundó con su semen. Permaneció unos instantes más en mi interior y luego retirándose lentamente me dio un cariñoso beso en la cabeza y me rodeó con sus brazos para seguir durmiendo.

A la mañana siguiente cuando me quejé de unas pequeñas molestias en mi trasero, él no pudo evitar reírse y con una sonrisa de complicidad me lo hizo de nuevo, esta vez totalmente despierta.

Noche de sexo

Hacía tiempo que no nos veíamos, él había estado de viaje y acordamos vernos nada más regresara a nuestra ciudad. Como siempre me esperaba a la salida del metro y según nos encontramos nos fundimos en un largo beso, que seguro fue la envidia de todo aquel que pasara por allí. Hecho esto nos subimos en su coche y nos dirigimos al hotel donde habíamos reservado para pasar la noche.

Me vestí como a él más le gustaba: un corto vestido negro, medias negras de rejilla con su correspondiente liguero, ropa interior también negra y unos zapatos de tacón de aguja. Nada más entrar en la habitación se abalanzó sobre mi, arrancándome el vestido y dejándome medio desnuda a sus ojos. Yo me quedé quieta junto a la cama, mientras él daba vueltas a mi alrededor observando cada centímetro de mi cuerpo. De vez en cuando acercaba una de sus manos para acariciarme brevemente el culo o un pecho. Después de esta “inspección” me empujó contra la cama y caí de cara sobre ella, agarro mis brazos y los echó hacía atrás, atando a continuación mis muñecas con unas esposas que llevaba. Tiró de mi cintura haciendo que quedara a cuatro patas y en esta postura bajó mi tanga dejándolo a por mis rodillas y acercó su cara a mi entrepierna y comenzó a chupar.

Con sus dedos separó mis labios y usando la lengua empezó a dar largos lametones que me recorrían desde mi vagina hasta la entrada de mi trasero. Fue ayudándose también con los dedos, introduciendo un par de ellos en mi coñito mientras su lengua estaba entretenida con mi ano para luego cambiarlos de agujero mientras su lengua cambiaba también. No paró de hacer esto hasta que hizo que llegara al orgasmo, inundando su boca con mis fluidos.

Sin perder mucho tiempo se quitó toda la ropa, quedando desnudo tras de mi. Acto seguido me penetró de un solo golpe, facilitado por los restos de mi corrida. Bombeaba sin parar, agarrando la cadena que mantenía mis muñecas unidas para darse más impulso, haciendo que mi torso se elevara de la cama al ritmo de sus embestidas. Tuvo que frenar un poco el ritmo para no correrse también él y aprovechó para empezar a jugar con sus dedos en mi culito. La entrada aún estaba lubricada por su saliva y sin demasiado esfuerzo logró meter uno de sus dedos, comenzó a sacarlo y meterlo, girándolo cuando estaba dentro hasta notar que estaba preparada para aceptar un segundo dedo. Todo esto mientras su polla seguía bombeando suavemente en mi interior.

Sacó sus dedos de mi trasero y agarrándome de la cintura comenzó a follarme salvajemente de nuevo hasta conseguir que me llegara otro orgasmo. Volvió a frenar el ritmo y cogiendo un consolador lo llevó hasta mi boca para que lo lubricara con mi saliva. Cuando estuvo satisfecho con el resultado, lo llevó hasta mi culito y poco a poco comenzó a introducirlo hasta que lo dejó completamente alojado en mi interior. Agarrándome esta vez del pelo comenzó a follarme fuerte otra vez, haciendo que sintiera su polla llenándome por un lado y el consolador por el otro. Mientras con una mano tiraba de mi pelo con la otra comenzó a azotarme al ritmo de sus embestidas, cada vez que se separaba de mi y antes de volver a llenarme completamente, su mano se estrellaba dolorosamente sobre mis nalgas.

Él ya no podía soportar ese ritmo mucho más tiempo sin correrse, así que después de una embestida final y profunda, sacó su polla de mi interior y se colocó frente a mi cara. Me agarró de nuevo del pelo, haciendo que mi cuerpo se elevara y mi cara quedara frente a su polla a punto de reventar. No hizo falta que dijera nada, abrí la boca y la introduje hasta el fondo de mi garganta, permitiendo que comenzara a follarme la boca. Rodeándome la cabeza con sus manos comenzó a incrementar el ritmo, metiendo su polla cada vez más profundamente hasta provocarme arcadas. Minutos después se corrió en mi boca y tal y como solíamos hacer nos fundimos en un largo beso en el que se mezclaron nuestras salivas con los restos del semen de mi boca.

Se separó de mi y fue al baño a darse una ducha rápida, dejándome mientras tirada de bruces en la cama, con las muñecas a mi espalda y mi enrojecido culo abierto aún por el consolador.

En el cine

Pocas veces he ido a ver una película española al cine y de hecho pocas veces veo una en casa, pero una noche aburridos sin nada que hacer decidimos ir al cine a pasar el rato. La cartelera era poco interesante y a él le habían dicho que la película estaba entretenida, así que allí nos metimos. En total estábamos 8 personas en la sala, contándonos a nosotros, las butacas no eran numeradas, así que como era de esperar nos sentamos cada pareja lo más alejado posible de los demás.

La película, como era previsible, era un coñazo infumable: empezaba con un tío feo follándose a una chica mientras intentaba ver a la vez un partido de fútbol… Puedo decir que es lo único que vi de todo el film, después de ver el espectacular comienzo me entretuve en otros menesteres más entretenidos. Comenzamos a besarnos y a meternos mano descaradamente (con la poca gente que había era imposible que nadie viera nada, además, estábamos sentados justo al final de la sala, los demás estaban más hacía delante). Sin perder mucho tiempo se bajó los pantalones y sacó su bien dotado miembro a la vista, agarrándome de la cabeza me empujó hacía abajo para que comenzara a chupársela y así lo hice, recorriendo su polla desde la base hasta la punta con mi lengua, para luego introducirla poco a poco en mi boca. Con un leve empujón la metió hasta llegar al fondo de mi garganta y una vez así comenzó a follarme la boca sin pausa. Cada vez que la metía hasta el fondo me producía unas pequeñas arcadas, que lejos de disgustarle le excitaban aún más.

Tiempo después me permitió levantarme y volvimos a besarnos en la boca mientras sus manos se peleaban con mi pantalón tratando de bajarlo, al final, para ayudarle me puse de pie y así bajo mis pantalones y mis braguitas de una sola vez. Me senté sobre él dándole la espalda y en esa posición me penetró mi ya bien lubricado coñito. Apoyé las manos en el respaldo de la butaca de delante y así dándome impulso con los brazos empecé a subir y bajar metiendo y sacando su polla totalmente de mi interior. Yo estaba tan excitada que notaba como chorros de flujo se resbalaban entre mis piernas mientras continuábamos con el mete-saca en el que estábamos inmersos.

De nuevo cambiamos de postura, esta vez me senté de frente a él, con las piernas a un lado y agarrada a su cuello, por lo que todo el movimiento lo tenía que hacer él haciendo fuerza con las piernas y elevándome y bajándome con sus brazos. Mientras lo hacía yo no paraba de lamerle el cuello, haciendo círculos con mi lengua, acercándome a sus orejas y arañándolas con mis dientes.

Ya no aguantábamos mucho más ninguno de los dos y al final llegamos los dos al orgasmo a la vez, fundidos en un interminable abrazo. Cuando elevamos la vista vimos que empezaban a salir los títulos de la película y comenzaban a encenderse las luces de la sala, justo a tiempo para recomponer nuestra ropa y salir de allí como si nada hubiera pasado.

Julie

Esa noche Julie salió más tarde de la universidad de lo que acostumbraba, pues tenía que preparar un trabajo junto a unas compañeras y habían quedado después de las clases en la cafetería para mirarlo. Se encaminó con paso presto hacía el parking donde solía aparcar su destartalado coche, cuando llegó a la puerta del mismo se permitió soltar un suspiro de alivio, pues todo estaba tan oscuro a esas horas que daba miedo.

Se entretuvo unos instantes buscando las llaves en su bolso y con una sonrisa de triunfo cuando las encontró se dispuso a abrir el mismo. No le había dado tiempo a meter la llave en la cerradura, cuando un fuerte brazo la rodeó y presionando un pañuelo impregnado en alguna sustancia sobre su boca, hizo que cayera inconsciente. El desconocido la cogió entre sus brazos y se dirigió hasta un ostentoso coche negro que le esperaba cubierto por las sombras del aparcamiento. Con cuidado, la depositó sobre el asiento trasero del vehículo y se sentó en el lado del copiloto, haciendo una señal con la cabeza al conductor, indicándole que ya podían ponerse en camino. Durante largas horas estuvieron en la carretera, con Julie inconsciente debido a la fuerte sustancia que le habían suministrado. En ese tiempo, conductor y copiloto no se dirigieron palabra, estando ambos ansiosos por llegar a su destino.

Al fin llegaron a las puertas de una enorme finca, rodeada por altos muros de piedra. El conductor acercó despacio el coche hasta la garita del vigilante de seguridad, encargado de velar por que no entraran intrusos en la finca. Bajó la ventanilla y cuando el vigilante se acercó, le mostró sus credenciales lo que automáticamente les permitió la entrada. Avanzaron lentamente por un camino de grava hasta llegar a la entrada de la construcción, una antigua casa señorial totalmente restaurada. El vigilante debía haber hecho bien su trabajo, pues antes de que pudieran bajarse del coche para avisar de su llegada, dos hombres se acercaron al mismo y sacaron a Julie sin dirigirles palabra. Sin más, volvieron a arrancar el coche y retornando por el camino de grava salieron de la finca dispuestos a volver lo más pronto posible con una nueva cautiva.

Sus nuevos custodios la llevaron hasta un dormitorio ricamente adornado y la depositaron suavemente sobre la cama que había en su centro. Salieron de la habitación para dar paso a dos sirvientas, que se encargaron de desnudarla y la metieron entre las mantas.

Horas después Julie despertó totalmente desorientada, sin saber donde se encontraba y deslumbrada por los fuertes rayos de sol que se colaban entre las cortinas. Sin saber muy bien que hacer corrió hacía la puerta e intentó abrirla, pero para su consternación se encontraba cerrada; entonces su atención se dirigió hacia las ventanas, pero al descorrer las cortinas descubrió que estaban enrejadas. Sin más ideas para poder salir de allí, se sentó en la cama en espera de que alguien apareciera para darle cuenta de su destino.

Minutos después escuchó como unas llaves repiqueteaban al abrir la cerradura y apareció una de las sirvientas que anteriormente la desnudara. Con un marcado acento extranjero la comunicó que la acompañaría al baño para que se aseara. Todas las preguntas que le hizo Julie cayeron en saco roto, pues la sirvienta no volvió a pronunciar palabra. Agarrándola de una de sus manos y tirando de ella la llevó por largos pasillos hasta llegar a unas grandes puertas dobles, las cuales abrió y con un suave empujón introdujo a la chica en la sala. Antes de que esta tuviera tiempo de volverse, las puertas se cerraron desapareciendo la sirvienta tras ellas. En el baño, si es que podía llamársele así, pues constaba de una enorme piscina en su centro, la esperaba la otra sirvienta que la había desvestido antes y con una amplia sonrisa la indicó la piscina para que se sumergiera en ella. Julie comenzó a asediarla a preguntas, pero pronto se dio cuenta de que a diferencia de la anterior, esta ni siquiera entendía su idioma, así que desanimada se sumió en el silencio.

Entró en la gran piscina y siguiendo las indicaciones de la criada se sentó en uno de los bordes. La sirvienta se acercó con una cesta llena de enseres para el aseo y sin dejar de sonreír comenzó a enjabonarla utilizando sus manos para tal fin, sin percatarse de lo violenta que se sentía Julie cuando rozaba sus pechos o se internaba en su entrepierna. Una vez enjabonada y aclarada, la acompañó hasta una camilla dispuesta en una de las esquinas de la sala, donde por medio de signos la comunicó que se tumbara boca arriba. La joven así lo hizo, sabiendo de antemano que era inútil discutir, pero cuando vio con lo que se acercaba la sirvienta intentó huir. Esta, queriendo tranquilizarla, hacía gestos con las manos indicándola  la camilla. Julie, sin ver escapatoria posible, volvió pesarosa a la camilla intentando no pensar en lo que vendría a continuación. La sirvienta la acarició suavemente la mejilla y sonriendo de nuevo se dispuso a hacer su trabajo. Extendió una fina capa de cera caliente por el pubis de la chica y antes de que esta pudiera reaccionar, de un tirón eliminó todo el vello de la zona. Así continuó hasta que su vagina quedó tan suave como la de un bebe, aunque en este caso también un poco enrojecida. Con un gesto la indicó que se pusiera a cuatro patas sobre la camilla, y en esa postura, eliminó de la misma manera los fino vellos que rodeaban su ano. Sin permitir que se moviera, untó sus manos con alguna clase de aceite y procedió a extenderlo por toda la zona previamente depilada, lo que calmó la irritada piel de la chica.

Una vez aseada, la condujo a una nueva sala, provista de un biombo y una camilla con estribos para las piernas como las de los ginecólogos. De nuevo, con gestos, la criada indicó a Julie que se dispusiera sobre ella. Obediente, hizo caso a la criada, tumbándose en la camilla y colocando sus piernas en los estribos, quedando totalmente expuesta a quien se situara frente a ella. La sirvienta la tapó con una fina sabana y abandonó la habitación. Instantes más tarde, apareció una nueva persona en la sala, una mujer de unos 35-40 años, ataviada con una bata blanca y un fonendoscopio en el cuello. Se presentó como la Dra. Sánchez y explicó a Julie que procedería a realizarle una revisión general para confirmar que estaba en perfecto estado de salud. Retiró la sabana que cubría la desnudez de su cuerpo y comenzó a examinarla. Sacó un pequeño palo de madera del bolsillo superior de su bata e indicando a Julie que abriera la boca, procedió a examinar su dentadura y su garganta, presionando con la madera su lengua hacia abajo para tener mejor perspectiva. Cuando terminó, apuntó unas notas en una libreta que llevaba y siguió con la siguiente parte de su exploración. Comenzó con suspechos, palpándolos con sus fríos dedos y pellizcando suavemente sus pezones en busca de la reacción que estos pudieran tener; luego bajo hasta su abdomen, donde volvió a palpar toda la extensión de su piel con los dedos. Continuó bajando hasta llegar a su recién depilado coño, con los dedos de una mano procedió a separar los labios de la muchacha, dejando a la vista su rosada entrada. Poco a poco empezó a introducir uno de sus dedos, palpando todo su interior, hasta que encontró la prueba de su virginidad, momento en el que procedió a sacar su falange. De nuevo, apuntó algo más en la libreta que llevaba. Ayudó a Julie a sacar las piernas de los estribos y la indicó que se pusiera a cuatro patas sobre la camilla. Una vez en esa posición, con una mano separó las nalgas de la muchacha, dejando su entrada posterior a la vista. Hurgó en ella un poco con uno de sus dedos y al ver la resistencia que ofrecía su esfínter a la entrada de algún intruso, lo lubricó con un poco de vaselina.Gracias a la acción de la vaselina, su dedo entró sin dificultad por el recto de la chica y durante unos minutos estuvo palpando su interior. Sacó su dedo y lo sustituyó por un termómetro, que utilizó para medir su temperatura. Mientras el termómetro cumplía con su cometido, tomó nuevas notas en la libreta. Cuando el termómetro pitó, lo sacó de su interior y anotó el resultado en sus notas. La doctora ayudó a Julie a sentarse en la camilla y procedió a comprobar sus reflejos dando pequeños golpes en sus rodillas, también la sacó sangre. Una vez completado el examen médico, la primera criada apareció en la sala para escoltarla hasta su dormitorio.

Cuando llegaron, la criada se quedó fuera mientras ella entraba en sus aposentos y sin darla tiempo a girarse si quiera, la puerta se cerró tras ella y escuchó el sonido de las llaves al girarse en la cerradura. De nuevo encerrada y sin nada que hacer, se acostó en la cama y se tapó con las mantas, dispuesta a descansar hasta saber que sería lo que la depararía el futuro. Horas más tarde el sonido de la cerradura al abrirse la despertó, entraron dos hombres en la habitación y acercándose a ella la sacaron arrastras de la cama y la condujeron a un coche que les estaba esperando frente a la puerta del edificio. El trayecto fue más corto que la vez anterior, cuando llegaron a su destino Julie pudo ver que se encontraban en un puerto frente a un lujoso yate, pero antes de que pudiera reaccionar inyectaron algo en su brazo y quedo inconsciente.

Una noche más

Como acostumbrábamos quedamos de nuevo en su casa para cenar y relajarnos de cara al fin de semana. Mientras el horno se calentaba, nos tumbamos en el sofá y comenzamos a besarnos. Cada vez nuestras caricias se iban tornando más atrevidas, pronto sus manos estaban dentro de mi camiseta, desabrochándome el sujetador y liberando mis pechos, que sin tardar un instante comenzó a estrujar con sus dedos. Mis manos se peleaban con su pantalón, luchando con su cinturón para desabrocharlo y liberar a la bestia que cubrían; por fin lo conseguí y mis dedos pudieron rodear el falo de carne que tanto placer me había dado en incontables ocasiones.

Antes de que pudiéramos proseguir con nuestros avances, el horno sonó, avisándonos de que la cena ya estaba lista y con una mirada de pesar, decidimos dejar nuestros juegos para el postre. Cenamos lo más rápido que pudimos, sin parar a vestirnos, yo con los pechos al descubierto y él con la polla asomando por el pantalón abierto. Cuando acabamos, de nuevo nos tumbamos en el sofá, no aguantando más la pasión que nos consumía. Esta vez su boca se hizo dueña de uno de mis pezones, mientras sus manos bajaban mis ajustados pantalones a la vez que el minúsculo tanga que llevaba. Colocó un cojín bajo mi trasero y separando mis piernas con sus manos, su boca dejó mis pezones para internarse en mi ya húmedo coño. Comenzó acariciándolo entero con su lengua, paseándola por cada uno de mis pliegues, hasta que encontró el centro de mi placer y aprisionó mi clítoris con sus labios. A la vez comenzó a penetrarme con unos de sus dedos, haciendo que se me escaparan gemidos de placer que iban aumentado de volumen con cada penetración. Entre la acción de su saliva y los jugos que se escapaban de mi interior, mi trasero empezaba a estar muy lubricado y apenas presentó resistencia cuando cambio sus dedos de agujero. Comenzó presionando poco a poco con uno de ellos, hasta que se abrió paso por mi entrada posterior, pronto le siguió un segundo dedo y empezó un mete-saca tan rápido que hizo que llegara al orgasmo en unos segundos. Sus labios seguían succionando mi clítoris, haciendo que me recorrieran oleadas de placer por todo el cuerpo. Siguió chupándome y follándome con sus dedos hasta que le regalé un nuevo orgasmo.

Entonces se separó de mi y se sentó en el sofá, indicándome que me sentara sobre él. Encantada yo así lo hice, sin poder evitar estremecerme de placer cuando su polla me llenó por completo. Me agarró de las nalgas y, separándolas y apretándolas, empezó a marcar el ritmo de la penetración, elevando mi cuerpo hasta que su polla salía completamente de mi coño, para luego bajar y que entrara totalmente de nuevo. Nuestros movimientos cada vez eran más rápidos, nuestros gemidos se mezclaban, solo quedando amortiguados cuando entrelazábamos nuestras lenguas o cuando le mordía en el cuello o él atrapaba uno de mis pezones con la boca.

Cansados ya de esa postura, me puse de cara a la pared, apoyando mi pecho en el respaldo del sofá, ofreciéndole mi trasero al separar totalmente las piernas. Sin dudarlo, se colocó detrás de mi y penetró de nuevo mi coño, agarrándome de las caderas para hacer más profunda la penetración. Llevó sus dedos a mi boca y metiéndolos hizo que los ensalivara bien para después meterlos por mi culito. Cuando mi recto ya no presentaba resistencia a la introducción de sus dedos, cambió su polla de agujero, colocando la cabeza en mi culo y empujando. Sin apenas resistencia, pronto me tuvo totalmente empalada y comenzó un movimiento tan rápido que no pude evitar tener un nuevo orgasmo. Siguió sodomizándome hasta que él mismo estuvo a punto de correrse, pero queriendo retrasar ese momento lo más posible, cambiamos de postura, acostándome boca arriba en el sofá. Colocó de nuevo un cojín bajo mis nalgas y tumbándose sobre mi, lleno mi coño con su polla. Durante unos minutos estuvo así, follándome sin parar mientras mis uñas se clavaban en su espalda. Sin previo aviso, volvió a cambiar de agujero, y esta vez si, de un solo golpe entró en mi culito que ya comenzaba a cerrarse de nuevo. Segundos más tarde se corrió, inundando mi trasero con su semen.

En el baño

La noche antes de que saliera nuestro avión quedamos en su casa para ir juntos al aeropuerto. Cuando llegué, él todavía no había preparado su maleta, así que nos pusimos a ello.

También se tenía que duchar, así que mientras lo hacía yo me salí a fumar un cigarro a la terraza. Cuando acabé fui a su habitación para esperarle allí pero cuando me oyó caminar por el pasillo me llamó para que entrara en el baño. Entré y me pidió que le enjabonara la espalda y así lo hice, él mirando hacía la pared y yo detrás suya con gel en las manos. Empecé a enjabonarle los hombros y poco a poco fui bajando hasta sus caderas, momento que él aprovechó para agarrarme las manos y llevarlas hasta su polla que ya empezaba a endurecerse. Se dio la vuelta y comenzó a besarme mientras yo seguía acariciando su miembro ya totalmente endurecido. Entre unas cosas y otras me estaba empapando la ropa, me separé unos momentos para poder desnudarme y unirme a él en la bañera sin preocuparme por mojar mi ropa.

Según entré en la bañera me empotró contra la pared y comenzó a tocarme entera, empezando por los pechos y bajando hasta entre las piernas, hundiendo sus dedos cada vez más en mi interior. Me tenía de cara a la pared, con mis pechos aplastados contra ella y mi vientre un poco separado para permitirle el acceso tanto a mi coño como a mi trasero. En esa postura me penetró, comenzando por delante para luego pasar a mi culito que hasta ese momento permanecía cerrado. Decidió que no se quería correr en mi interior, así que agarrandome del pelo hizo que me arrodillara delante suya y en esa postura comenzó a follarme la boca, provocandome arcadas. Cuando estaba a punto de acabar me hizo levantar y apoyar las manos en la pared de espaldas a él, mostrandole mi culo en pompa para así correrse sobre mis nalgas.

Sexo en el coche

El sábado pasado quedé con un amigo para tomar algo, él es un chico bastante atractivo: alto, moreno, musculado, de los que a mi me gustan :) En realidad, yo había quedado con él simplemente como amigos, para salir un rato, contarnos nuestras cosas… pero él iba con una idea muy distinta.

Pasó a recogerme por casa, la idea era tomar algo por aquí cerca y regresar pronto a dormir. Cuando salí, estaba esperandome fuera, con la excusa de que estaba intentando arreglar un problema que tenía con los cinturones de la parte trasera, nos saludamos dándonos dos besos, como acostumbrabamos, pero esta vez “sin querer” rozó con una de sus manos mi trasero. En ese momento no le dí importancia, pensando que no había sido a propósito. Nos montamos en el coche y fuimos a aparcar a un sitio cercano, donde se podía dejar en batería y no solía haber problema para encontrar sitio. Comenzamos a caminar hacía el lugar donde habíamos decidido tomar algo, pero no llevábamos ni cinco minutos de paseo cuando se colocó detrás de mi y rodeandome con sus brazos impidió que siguiera andando. En esa postura empezó a besar mi cuello; ese día, cosa rara en mi, llevaba el pelo recogido en una trenza, lo que facilitaba que pudiera posar sus labios haciendo que me recorrieran escalofríos cada vez que lo hacía. Me giró hasta que quedé frente a él y comenzó a besarme en la boca, primero suavemente, para luego violarla con su lengua mientras sus manos no cesaban de recorrer mi cuerpo, agarrandome fuerte del culo y levantandome del suelo para que quedaramos a la misma altura. Poco a poco seguimos caminando, haciendo pausas cada vez más largas cuando volvíamos a besarnos.

A medio camino pasamos por una calle que no estaba apenas iluminada, un pequeño callejón mejor dicho, donde él perdió el control. Mientras me besaba, me empotró contra una pared, sus manos no dejaban de acariciarme, intentando meterse por todos los huecos que encontraba en mi ropa: por la cintura de los pantalones, por debajo de la camiseta, por dentro del sujetador buscando mis ya erectos pezones… Me agarró las manos, acercándolas a sus pantalones, para que palpara la dureza que estaba adquiriendo su miembro, ya a punto de explotar. Empecé a acariciarle por encima de ellos, siguiendo el contorno de su polla, adivinando un miembro de muy buenas proporciones; mientras una de mis manos seguía acariciando su falo, la otra se introdujo por debajo de su camiseta para buscar sus pezones, que comencé a pellizcar mientras mordía su cuello. Cada vez la situación se caldeaba más, así que después de unos minutos de magreo me agarró de la mano y me llevó de regreso al coche. Cuando llegamos, comenzamos a besarnos apoyados en él, de la misma forma que lo hacíamos mientras estábamos en el callejón: sin parar de tocarnos, mordiéndonos, pellizcándonos… Abrió una de las puertas traseras del coche y sin esperar mucho, acabamos uno encima del otro recostados en el asiento.

Él no podía aguantar más y en seguida se desabrochó los pantalones, dejando al aire el miembro que yo había estado palpando minutos antes. Con un rápido movimiento me cogió de la trenza y guió mi cabeza hasta su polla, pidiéndome que se la comiera. Yo obedientemente así lo hice, lubricándola bien con mi saliva para luego introducirla hasta el fondo de mi garganta. Comencé a subir y bajar mi cabeza, sacándola una y otra vez de mi boca, deteniendome unos minutos cada vez que la sacaba para jugar con mi lengua en su capullo, excitándole aún más. De vez en cuando paraba y nos besábamos en la boca, para que él también probara su sabor y de nuevo volvía a comérsela, haciendo cada vez más presión con mis labios y retorciendo sus huevos con mis dedos. El final estaba cerca, se notaba por su respiración cada vez más entrecortada, momento que aproveché para meter uno de mis dedos por su inviolado ano. Fuí haciendo cada vez más presión con mi dedo, que entraba poco a poco por su trasero, primero hasta la primera falange, luego un poco más, hasta que quedó introducido del todo; comencé un mete-saca mientras incrementaba el ritmo de la mamada, hasta que al fin, con un grito de “Me corro” se derramó entre mis dedos.

Después de limpiarnos y arreglarnos un poco la ropa, si hicimos lo que teníamos planeado. Fuimos a tomar la tan merecida copa, acordando quedar en otro momento para acabar lo que habíamos comenzado.

La colegiala

Astor decidió hacer realidad la fantasía que tantas veces le había contado su novio. Esa noche le esperó en casa vestida como una colegiala: con una minifalda de tablas estampada con cuadros escoceses, una camisa blanca abrochada hasta el cuello, unas medias sujetas con liguero y ropa interior blanca de niña buena.

Cuando escuchó las llaves abrir la cerradura, se sentó en la mesa del comedor y se puso a hacer como que resolvía las tareas del colegio. Su novio, al entrar en el salón y verla en tal situación se excitó al momento. Rápidamente puso su mejor voz de profesor enojado y la llamó para pasarle la lección. Él que era un chico de ciencias, sabía perfectamente que los conocimientos de su novia en el campo de la física y matemáticas eran casi nulos, por lo que procedió a preguntarle cosas complicadas al respecto. Ante los errores que cometía esta en sus respuestas, no pudo evitar sonreír mientras la amenazaba con suspenderla y avisar a sus padres. Ella, metida en su papel, le suplico que por favor no lo hiciera, que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de que la aprobara. Después de unos momentos pensandoselo, él aceptó con una condición, antes tendría que recibir un castigo para que se aplicara más en un futuro.

La ordenó que se colocara de pie frente a la mesa donde antes estaba haciendo sus tareas y apoyara los brazos en ella, quedando su trasero más elevado que el resto del cuerpo. Levantó su minuscula falda dejando sus nalgas a la vista, solo cubiertas por la fina tela de las braguitas blancas. En esa postura comenzó a azotarla con la mano abierta, viendo como poco a poco su piel iba enrojeciendose. A continuación bajó sus bragitas hasta las rodillas y siguió azotandola, esta vez directamente sobre su piel. Su trasero adquirió un intenso color rojo, momento en el que decidió finalizar el castigo y comenzar a buscar la forma de aprobar a su alumna. Para ello, se colocó detrás, y sin previó aviso la penetró de un sólo golpe. Estaba tan excitado que se corrió en pocos minutos, quedandose saciado.

Venganza

Sophie había sido una rompecorazones en su adolescencia. Años después, quiso el destino que se encontrara con un antiguo amor con el que no se había portado del todo bien en aquel entonces. Cuando se reencontraron, él insistió en retomar ese antiguo amor, siendo ya adultos, pues estaba convencido de que podría funcionar. Después de mucho pensar, Sophie aceptó, pues aunque no se hubiera portado bien con él, siempre le había tenido un cariño especial. Comenzaron como todas las relaciones, poco a poco, quedando para ir al cine o cenar, postergando el sexo para intentar que su primera vez juntos fuera especial. Varias citas después esa gran ocasión llegó, reservaron una casita rural en un pueblo perdido entre las montañas con todas las comodidades posibles.

Cuando llegaron a la casa, Patrick, que así se llamaba él, se abalanzó sobre Sophie, besándola con pasión, no pudiendo aguantar más toda la pasión contenida. Mientras la besaba iba desnudandola poco a poco, hasta dejarla solo con la minúscula ropa interior que llevaba puesta. Se dirigieron al dormitorio, donde sin acabar apenas de desnudarse, la poseyó sin más dilación. Después del estallido de pasión se quedaron dormidos. Sophie adoptó la postura que solía para dormir, bocabajo con las manos estiradas a ambos lados del cuerpo. Despertó al notar que Patrick le agarraba las manos y se las ataba detrás de la espalda, pensando que simplemente era un juego sexual le dejo hacer. Lo siguiente que sintió fue un pañuelo rodeándole la cabeza y amordazando fuertemente su boca. Sus tobillos también fueron atados a los pies de la cama, haciendo que sus piernas permanecieran separadas a la fuerza. Agarrándola de las caderas hizo que las elevara, ocasión que aprovechó para colocar un almohadón doblado bajo su vientre. En esa postura Sophie comenzó a preocuparse y al intentar revolverse para hacérselo saber, lo único que consiguió fue un fuerte azote.

Lo siguiente que sintió fue el movimiento de la cama al colocarse él entre sus piernas y como una sustancia fría y gelatinosa recorría el espacio entre sus nalgas. Pronto un dedo se abrió camino entre las mismas, extendiendo la sustancia gelatinosa en su interior. Sophie aún conservaba su virginidad anal, por lo que no pudo evitar contraer sus glúteos al sentir al invasor. Poco importó eso a Patrick, que rápidamente repitió la misma operación con un segundo dedo, haciendo que ella se retorciera de dolor. Los dedos fueron sustituidos por el pene de Patrick, que poco a poco fue introduciéndose en su interior, sin parar de empujar pese a los quejidos de ella. Una vez alojado completamente dentro, lo sacó para volverlo a meter completamente a continuación, repitiendo esta operación una y otra vez cada vez más rápido, hasta que el trasero de Sophie dejó de oponer ninguna resistencia. Él se obligó a aguantar todo lo posible sin llegar al orgasmo para que durara lo más posible la agonía de la chica que a esas alturas estaba ya sollozando por el dolor que sentía. Después de unos interminables minutos, por fin, el se corrió, llenando con su semen el recto de la muchacha.

Y así la mantuvo todo el fin de semana, atada y amordazada en la cama, con el trasero expuesto y continuamente violado y regado con su semen.

Escuela para ingenieros

Después de varios años de arduo trabajo, por fin acabé mi querida carrera, en ese momento tenía dos opciones: lanzarme de lleno hacía el mundo laboral o bien mejorar aún más mis estudios asistiendo a unos cursos de verano para especializarme aún más. Me decidí por la segunda opción…

Estos cursos se impartían en una casa de campo cercana a una base aérea abandonada, ideal para probar todo tipo de prototipos y demás cosas que fueran surgiendo. Aparecí el día y a la hora convenida, rápidamente me hicieron pasar a la sala de reuniones donde procederían a presentarnos al cuerpo docente y a nuestro responsable directo. Según me explicaron cuando me inscribí cada alumno dependeríamos de un profesor en especial, que sería el encargado de seguir nuestra evolución y ayudarnos cuando fuera necesario. Después de las presentaciones pasaron a enseñarnos nuestros dormitorios, debido a que nos encontrábamos en un lugar bastante alejado de todo, dormiríamos también allí.

Las clases comenzaron al día siguiente de las presentaciones, esa misma tarde me resultó raro que algunas compañeras se quejaran al sentarse o lo hicieran con extremo cuidado, pero no le dí mucha importancia hasta que una compañera me contó que era debido a que habían sido castigadas. ¿Castigadas? En un primer momento me pareció surrealista que a nuestra edad alguien pudiera castigarnos físicamente, así que tuve mucho cuidado de no hacer nada que pudiera hacer que me castigaran a mi también. Pero una noche fui con mis amigas a la base, como hacíamos siempre después de cenar, y entre unas cosas y otras se nos hizo más tarde de lo debido y cuando volvimos a nuestros dormitorios ya había pasado (y mucho) el toque de queda. Pensamos que nadie se había dado cuenta, pues al entrar no vimos que nos esperaran ni nada parecido, pero al día siguiente después de las clases de la mañana, nos llamaron a cada una al despacho de nuestros respectivos profesores.

Cuando me encontré con el mio en su despacho empezó a sermonearme a cerca de la poca consideración que habíamos tenido al desaparecer durante horas y volver tan tarde, mucho después de la hora convenida. Durante toda esa charla yo lo único que pude hacer fue bajar la mirada esperando que el castigo no fuera demasiado duro. Me hizo colocar sobre sus rodillas, levantó mi falda dejandola enrollada en mi cintura y bajó mis braguitas hasta mis rodillas. En esa posición tan humillante comenzó a azotarme, dejando caer su mano primero en una nalga para luego dejarla caer en la otra, siguiendo esa cadencia, nalga derecha, nalga izquierda, nalga derecha, nalga izquierda… Sin previo aviso cambió el ritmo y me daba dos en la nalga derecha, para luego darme uno en la izquierda y después tres en la derecha. El dolor que me producían sus azotes era cada vez era más intenso, en un momento dado intenté taparme las nalgas con mis manos, pero rápidamente me sujetó las manos a la espalda para incrementar aún más los golpes. Mis nalgas ya estaban completamente rojas, ese día la que tendría problemas para sentarme sería yo…

Me ayudó a levantarme y me colocó la ropa, diciéndome que aún no habíamos acabado. Me mandó ir a la cocina y pedir a una de las cocineras una raíz de jengibre. Sin entender nada fui rápidamente a cumplir con lo que me había pedido, bajé hasta las cocinas y pedí el jengibre. Una de la cocineras me miró con lastima y puso en mis manos una bandeja con un cuenco de agua, un cuchillo y el jengibre, este parecía una mano con sus cinco dedos. Con la bandeja en las manos volví al despacho del profesor que me indicó que lo pusiera sobre la mesa. Me hizo sentar sobre sus rodillas mientras el preparaba la raíz. Primero cortó uno de los dedos, no demasiado grueso pero si bastante alargado, lo sumergió en el agua y comenzó a pelarlo y cortarlo hasta dejarlo redondeado por la punta; también dejó un poco más estrecha una zona cercana a la base. Yo no sabía muy bien el uso que le iba a dar, pero empezaba a imaginarmelo y no me gustaba nada. Me volvió a colocar sobre sus rodillas, subiendo mi falda y bajando mis braguitas, con una mano separó mis nalgas y con la otra comenzó a introducir la raíz por mi culito, debido al agua y a la naturaleza del material, se deslizaba fácilmente y rápidamente estaba totalmente dentro. Al principio comencé a notar cierto escozor, pensaba que era debido a la dilatación que estaba produciendo eso en mi trasero, pero cuando comenzó a azotarme de nuevo recordé que había leído en algún sitio la naturaleza irritante que tenía el jengibre… Y así era, con cada nuevo azote se hacía todavía más patente la raíz que tenía en mi trasero, escociendome cada vez más, dejando de lado el dolor que me producían los azotes para concentrarme solo en el escozor.

Cuando por fin terminó el castigo, sacó el jengibre de mi trasero y subió mis braguitas y recordandome que debía llegar a mi hora por las noches me despidió para que pudiera ir a la siguiente clase.