Las pruebas de Amina – 1 – Primera prueba (III)


Continuación de http://comienzosdetierravacia.wordpress.com/2011/10/20/las-pruebas-de-amina-%e2%80%93-1-%e2%80%93-primera-prueba-ii/

Después de leer la nota, Amina se dirigió rápidamente al baúl con la idea de forzar el candado y conseguir abrirlo, pero cual fue su sorpresa al ver que el candado no cerraba el cofre, su función no era más que decorativa. Esperanzada, comenzó a abrirlo y pudo observar al fin su contenido: un conjunto de ropa interior granate de encaje, formado por un sujetador que dejaba sus pezones al aire y un minúsculo tanga con una apertura en la entrepierna; un vestido largo de seda negro con un sugerente escote y una larga raja en la parte de la falda; unas altísimas sandalias de tacón a juego con el vestido; unas extrañas gafas con los cristales ahumados y una escueta nota sobre todo ello:

Póntelo todo

 

Sin pensárselo dos veces, dejó caer la sabana que la cubría y se fue poniendo una a una las prendas recién descubiertas. Primero se puso el diminuto tanga con cuidado de dejarlo en su sitio y que la apertura coincidiera exactamente con sus labios vaginales; después el sujetador elevando sus pechos con las manos para que los pezones quedaran sobre el borde de la tela; luego el vestido, que se ajustaba a su cuerpo como si hubiera sido confeccionado especialmente para ella; se sentó en la cama para colocarse las sandalias que nuevamente eran exactamente de su talla y por último se colocó las gafas. Cuando elevó la cabeza, le pareció que estaba viendo una habitación completamente distinta que en la que se encontraba, por dimensiones parecía la misma pero las paredes en vez de estar desnudas aparecían ricamente adornadas con cortinas y tapices. Se quitó las gafas y vio las desnudas paredes de nuevo. Se las volvió a poner y aparecieron todas las decoraciones que había observado anteriormente. Dudosa, comenzó a recorrer la habitación, pero cuando intentó rozar con sus dedos alguna de las telas, estos solo rozaban la fría piedra de la que estaban hechas las paredes. Entre dos cortinas, aparecía lo que parecía ser una puerta abierta. Con cautela, se acercó y temerosa extendió sus dedos esperando encontrar de nuevo la fría piedra, pero en este caso la ilusión era real y su mano atravesó el umbral de la puerta. Retiró la mano y se quitó las gafas y sus ojos volvieron a ver la pared de antes, de nuevo acercó la mano y sus dedos atravesaron la pared como si se tratara de alguna especie de holograma. Confiada, avanzó y atravesó la pared, penetrando a una nueva estancia.

Esta sala parecía vacía, sin puertas ni ventanas, solo iluminada por una pequeña lámpara que pendía del techo. Colocándose de nuevo las gafas, una nueva sala apareció ante sus ojos, adornada con coloridos tapices y cortinas y una nueva puerta abierta. Animada la atravesó y se encontró con otra sala en la que volvió a repetir la misma operación y después de esta otra y otra, tantas que incluso llegó a perder la cuenta.

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