
Amina leyó de nuevo la nota que le había hecho llegar su abuela, poco antes de partir hacía su encuentro. No dejaba de preguntarse que sería eso tan importante que tenía que contarle y porqué iba a influir tanto en su futuro. Mientras caminaba por la calle, no dejaba de hacer conjeturas sobre su posible mensaje: ¿le habría encontrado marido?, al alcanzar la mayoría de edad ¿recibiría alguna herencia de la que no tenía conocimiento?, ¿tenía algún hermano perdido?, ¿alguna enfermedad hereditaria?
Sin darse cuenta, caminaba cada vez más rápido, impaciente por encontrarse con la anciana, llegando mucho más rápido a su casa de lo que habría llegado en condiciones normales. Al aproximarse al antiguo edificio no pudo evitar sonreír, muchos buenos recuerdos se agolpaban en su mente cada vez que lo veía; allí paso la mayor parte de su niñez, jugando entre los altos árboles que protegían del sol la amplia finca, merendando en el gran porche de piedra en la parte trasera de la vivienda o imaginándose mil historias en el desván las tardes lluviosas. Cuando llegó frente a la verja, antes de que le diera tiempo a elevar la mano para llamar al timbre, las puertas automáticas se abrieron, franqueándole la entrada. Siguió el camino, que tan bien conocía, hasta llegar a la puerta principal de la residencia, donde ya la esperaba su abuela, ataviada con ropas oscuras, como solía vestir desde la muerte de su marido hace muchos años. Una amplia sonrisa se iluminó en el rostro de ambas cuando se cruzaron sus miradas, debido al gran cariño que se profesaban. Se dirigieron hacía la biblioteca de la mansión, donde se instalaron en los cómodos sillones, abrigadas por las estanterías cargadas de miles de libros.
- Querida Amina, –comenzó la abuela- supongo que estarás impaciente por descubrir que es eso tan importante que tengo que contarte.
- Si abuela –contestó la joven.
- Hace muchos años, cuando se construyó esta casa, al excavar para poder poner los cimientos, se descubrieron unas ruinas de lo que parecía ser una antigua capilla. Fátima, una antigua antepasada nuestra, era una mujer muy aventurera a la que encantaban todo tipo de misterios y una noche, escapando del férreo control al que la sometía su padre, se escapó para poder desentrañar todos los misterios que creía ocultaba la antigua capilla.
Amina miró con interés a su abuela, no acabando de entender como le podía afectar en algo a ella una historia que tenía más de 800 años (época de la que databa la casa); pero aún así la animó a continuar:
- Continua por favor.
- Bien,–continuó la abuela- el caso es que, pese a las pocas posibilidades de encontrar algo que tenía, si lo encontró y es algo que ha pasado de generación en generación en nuestra familia desde entonces.
- ¿Qué es, abuela? –preguntó Amina, mostrando mucho más interés ahora.
- Tranquila cariño, todo a su debido tiempo –contestó la anciana.
Dicho esto, se levantó y se dirigió hacia una de las estanterías cercanas, de donde sacó un gran libro antiguo y lo depositó en la mesa que había frente a ellas. En el lomo aparecían unos caracteres que Amina no conseguía distinguir, acompañados de la ilustración de una rosa roja enmarcada en un escudo azul.
- En este libro se cuenta la historia de nuestra familia, empezando por Fátima y continuando con sus descendientes hasta bien entrado el siglo XIV. Es un regalo anticipado que te voy a hacer por tu cumpleaños, quiero que lo leas atentamente, pues que conozcas todas estas historias es importante para una decisión que tendrás que tomar próximamente.
- ¿Qué decisión? Cuéntame más, abuela –exigió impaciente Amina- ¿qué es lo que encontró Fátima en la capilla?
- Todo a su debido tiempo, querida niña. Muchas respuestas encontraras en este libro y muchas más preguntas sin responder también. Cuando lo leas volveremos a vernos.
Y así terminó su encuentro. Amina se dirigió a su casa con el libro que le había regalado su abuela, nerviosa por comenzar a leerlo cuanto antes. Cuando llegó, corrió a encerrarse en su cuarto para poder empezar a leer el libro de sus antepasados. Estaba encuadernado en piel, en el lomo aparecían los caracteres extraños que había podido apreciar antes, pero echándoles un vistazo más concienzudamente siguió sin poder descifrarlos. En la cubierta principal aparecía de nuevo el escudo con la rosa roja en su interior, esta vez en relieve, por lo que la joven se entretuvo unos instantes siguiendo su contorno con los dedos. Abrió el libro con cuidado, pues no quería que se estropeara al ser tan antiguo. En la primera hoja aparecía un árbol genealógico un poco extraño, comenzando por Fátima.
A la vista de ese árbol genealógico, Amina se dio cuenta de varias cosas: solo aparecían los nombres de los miembros femeninos de su familia y solo se desarrollaba en el caso de los terceros descendientes que aparecían remarcados en un color más oscuro que los demás. Pensando en ello llegó a la conclusión de que ella era la tercera hija de la tercera hija de su abuela, pero seguía sin saber que significado podría tener. El libro en si era una ampliación del árbol genealógico que aparecía en la primera página, contando los hechos más relevantes de cada miembro integrante del mismo pero con una curiosa coincidencia: nunca se revelaba el motivo del fallecimiento de los terceros miembros de cada generación.