La colegiala

Astor decidió hacer realidad la fantasía que tantas veces le había contado su novio. Esa noche le esperó en casa vestida como una colegiala: con una minifalda de tablas estampada con cuadros escoceses, una camisa blanca abrochada hasta el cuello, unas medias sujetas con liguero y ropa interior blanca de niña buena.

Cuando escuchó las llaves abrir la cerradura, se sentó en la mesa del comedor y se puso a hacer como que resolvía las tareas del colegio. Su novio, al entrar en el salón y verla en tal situación se excitó al momento. Rápidamente puso su mejor voz de profesor enojado y la llamó para pasarle la lección. Él que era un chico de ciencias, sabía perfectamente que los conocimientos de su novia en el campo de la física y matemáticas eran casi nulos, por lo que procedió a preguntarle cosas complicadas al respecto. Ante los errores que cometía esta en sus respuestas, no pudo evitar sonreír mientras la amenazaba con suspenderla y avisar a sus padres. Ella, metida en su papel, le suplico que por favor no lo hiciera, que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de que la aprobara. Después de unos momentos pensandoselo, él aceptó con una condición, antes tendría que recibir un castigo para que se aplicara más en un futuro.

La ordenó que se colocara de pie frente a la mesa donde antes estaba haciendo sus tareas y apoyara los brazos en ella, quedando su trasero más elevado que el resto del cuerpo. Levantó su minuscula falda dejando sus nalgas a la vista, solo cubiertas por la fina tela de las braguitas blancas. En esa postura comenzó a azotarla con la mano abierta, viendo como poco a poco su piel iba enrojeciendose. A continuación bajó sus bragitas hasta las rodillas y siguió azotandola, esta vez directamente sobre su piel. Su trasero adquirió un intenso color rojo, momento en el que decidió finalizar el castigo y comenzar a buscar la forma de aprobar a su alumna. Para ello, se colocó detrás, y sin previó aviso la penetró de un sólo golpe. Estaba tan excitado que se corrió en pocos minutos, quedandose saciado.

Las pruebas de Amina – Prologo (II)

Continuación de http://comienzosdetierravacia.wordpress.com/2011/09/27/las-pruebas-de-amina-prologo/

Al día siguiente comenzaron las celebraciones bien entrada la mañana. Amina apenas hizo caso de ellas, estaba impaciente por reunirse de nuevo con su abuela y que le respondiera a todas las preguntas que se había formulado al leer el libro. Según apareció la anciana por la puerta se abalanzó sobre ella, suplicándole que hablaran en ese momento, pero esta, con un leve movimiento de cabeza, le indicó que se reunirían de nuevo esa misma noche en su casa, cuando acabaran los festejos. Cuando todos los invitados se marcharon a sus respectivos hogares, Amina se encaminó de nuevo al domicilio de su abuela, donde esta la esperaba sentada en el porche trasero de la casa. Nada más saludarse, Amina comenzó a hablar atropelladamente sobre las cosas que le habían sorprendido al leer el libro que le había proporcionado el día anterior. Su abuela, con una ligera sonrisa en sus labios, la indicó que escuchara, pues tenía mucho que contarle.

- Fátima, nuestra antepasada–comenzó a contar- encontró en la antigua capilla dos cosas: un pergamino enrollado en muy mal estado y una figura de piedra que representaba una mujer sosteniendo un escudo que contenía una rosa. Excitada por su hallazgo, volvió rápidamente a sus aposentos, donde con la ayuda de la luz de una vela intentó descifrar el texto que aparecía en el pergamino. Era una antigua profecía cuyas palabras ya se han perdido, pero que solicitaba a la persona que lo encontrara que salvaguardara con su vida la estatua de piedra. Así se creó la Hermandad de la Tercera Rosa. Durante generaciones, la tercera hija de cada tercera hija es la elegida para portar sobre sus hombros esta gran responsabilidad. Todo esto no esta exento de peligros, muchos hombres ambicionan la posesión de la estatua, la cual se dice tiene poderes mágicos. Para protegernos, paralelamente a nuestra hermandad se creó otra, la Hermandad del Tercer Hombre, un grupo de hombres cuya misión es defender a las elegidas para la custodia de la figura. Esta protección no es gratuita, debemos pagar un tributo y cada nueva elegida debe demostrarles que es apta para ello pasando una serie de pruebas.

- ¿Pagarles?-preguntó Amina- ¿unas pruebas? ¿cómo si fuera un examen?

- Te he contado al respecto todo lo que puedo en este momento, a esas preguntas encontraras respuesta si aceptas ser la próxima elegida. Pero ahora deja que continué la historia.

- Si abuela, continua, por favor.

- Nuestra labor no solo trata de proteger la estatua de todo peligro, si no también de encontrar a su hermana gemela. Durante generaciones hemos estado buscando el paradero de esta otra sin mucho éxito, sabemos a ciencia cierta que existe pero desconocemos en manos de quien esta, probablemente de nuestros enemigos. Quien consiga reunir las dos estatuas, conseguirá tal poder que no podemos ni imaginar. Nosotras, como sus custodias, tenemos la obligación de evitar que ese poder caiga en malas manos, con la inestimable ayuda de la Hermandad del Tercer Hombre. Si aceptas seguir la tradición de tus ancestros, debes saber que no llevaras una vida normal como el resto de las mujeres de la familia, lo primero para las elegidas siempre ha de ser la Hermandad y la salvaguardia de sus secretos. Nunca te casarás, pero traerás hijos al mundo. No amarás a un hombre, tu amor será solo hacía tus descendientes. Dejarás en manos de otros el cuidado de tus hijos, como tu madre hizo con los suyos y yo con los míos. Pero a cambio de todo esto, sabrás que estas cumpliendo tu deber para con el mundo, lo que debe de llenarte de orgullo.

- Pero necesito saber más…

- Querida niña, ya no puedo contarte más,-dijo pesarosamente la anciana- todo lo demás lo descubrirás a su debido tiempo. Ahora debo preguntarte: ¿aceptas la responsabilidad de ser la elegida de la Hermandad para cumplir tan ardua tarea?

- Si, acepto.

- No esperaba otra cosa, ahora acercame tu mano derecha.

Amina siguió las instrucciones de su abuela, acercando su mano tal y como esta le había indicado. La anciana sacó una daga labrada de una pequeña caja que había sobre la mesa y con ella trazó una pequeña cruz en el dorso de la mano de la chica. La herida comenzó a sangrar copiosamente, manchando el estuche que había contenido la daga. Con unos rápidos movimientos vendó la mano de la joven y guardó la daga en la caja manchada con su sangre. Luego, acompañó a su nieta hasta las bodegas de la casa, donde le entregó una túnica con capucha de color azul y le indicó que se quitara toda su ropa y se la pusiera. Amina así lo hizo y espero sus siguientes instrucciones. La anciana empujo un pequeño candelabro que estaba colgado en una pared cercana y se desveló una puerta que había permanecido oculta desde entonces.

- Tus pruebas comienzan aquí, Amina.-dijó la anciana- Te deseo mucha suerte en tu camino.

La besó en las mejillas y con un empujoncito la condujo hasta la puerta.

Cosas extrañas

Este último mes me han pasado unas cuantas cosas curiosas cuanto menos.

Por un lado, el día de mi cumpleaños, como todos los años, recibí un email de felicitación de una antigua pareja que tuve. Normalmente no suelo contestarle, pero esta vez por una simple cuestión de cortesía lo hice dándole las gracias. Dos meses después de eso, recibo un nuevo email suyo en el que me cuenta un poco por encima su vida y aprovecha para contarme que se ha casado y acaba de ser padre. También me dice que le gustaría que quedáramos un día y nos contáramos que tal nos ha ido durante estos años, diciéndome entre medias que le ha costado mucho tomar la decisión de volver a escribirme después de tanto tiempo sin mantener el contacto porque quería proteger su corazón.

Por otro lado, días después de recibir el email de este chico, recibí otro de otra persona, Javier. A Javier le conocí hace ya más de 10 años, durante un tiempo al principio estuvimos tonteando pero la cosa no pasó de ahí. Años después volvimos a tener un acercamiento pero también quedo en nada al volver yo con mi novio de esos momentos. Hace ya más de un año, cuando dejé definitivamente a mi ex, volvimos a encontrarnos, siendo él de hecho la primera persona que vino para estar conmigo esos primeros días. Una cosa llevó a otra y al final acabamos acostandonos. Después de eso todo volvió a estropearse, él solo hablaba de sexo y consiguió hartarme, por lo que desaparecí de su vida. En este email que me mandó, me decía que me echaba de menos y que no sabía la razón por la que había desaparecido así de su vida. Le contesté explicando las razones que me habían hecho tomar esa decisión y después de sus disculpas comenzamos a tener algo de contacto de nuevo.

Y por último, Hoch, del que ya hablé anteriormente, va a ser padre. Esto no es algo que me pase a mi directamente ni que me afecte en lo más mínimo. Pero no por ello deja de ser sorprendente. Nunca entenderé como alguien en 5 meses como máximo con una persona, puede estar esperando un hijo y ser feliz por ello. Tal vez yo sea demasiado radical para esas cosas, pero si en 5 meses apenas te da tiempo de conocer a alguien bien, ¿cómo vas a vivir con esa persona y tener un hijo con ella?

Venganza

Sophie había sido una rompecorazones en su adolescencia. Años después, quiso el destino que se encontrara con un antiguo amor con el que no se había portado del todo bien en aquel entonces. Cuando se reencontraron, él insistió en retomar ese antiguo amor, siendo ya adultos, pues estaba convencido de que podría funcionar. Después de mucho pensar, Sophie aceptó, pues aunque no se hubiera portado bien con él, siempre le había tenido un cariño especial. Comenzaron como todas las relaciones, poco a poco, quedando para ir al cine o cenar, postergando el sexo para intentar que su primera vez juntos fuera especial. Varias citas después esa gran ocasión llegó, reservaron una casita rural en un pueblo perdido entre las montañas con todas las comodidades posibles.

Cuando llegaron a la casa, Patrick, que así se llamaba él, se abalanzó sobre Sophie, besándola con pasión, no pudiendo aguantar más toda la pasión contenida. Mientras la besaba iba desnudandola poco a poco, hasta dejarla solo con la minúscula ropa interior que llevaba puesta. Se dirigieron al dormitorio, donde sin acabar apenas de desnudarse, la poseyó sin más dilación. Después del estallido de pasión se quedaron dormidos. Sophie adoptó la postura que solía para dormir, bocabajo con las manos estiradas a ambos lados del cuerpo. Despertó al notar que Patrick le agarraba las manos y se las ataba detrás de la espalda, pensando que simplemente era un juego sexual le dejo hacer. Lo siguiente que sintió fue un pañuelo rodeándole la cabeza y amordazando fuertemente su boca. Sus tobillos también fueron atados a los pies de la cama, haciendo que sus piernas permanecieran separadas a la fuerza. Agarrándola de las caderas hizo que las elevara, ocasión que aprovechó para colocar un almohadón doblado bajo su vientre. En esa postura Sophie comenzó a preocuparse y al intentar revolverse para hacérselo saber, lo único que consiguió fue un fuerte azote.

Lo siguiente que sintió fue el movimiento de la cama al colocarse él entre sus piernas y como una sustancia fría y gelatinosa recorría el espacio entre sus nalgas. Pronto un dedo se abrió camino entre las mismas, extendiendo la sustancia gelatinosa en su interior. Sophie aún conservaba su virginidad anal, por lo que no pudo evitar contraer sus glúteos al sentir al invasor. Poco importó eso a Patrick, que rápidamente repitió la misma operación con un segundo dedo, haciendo que ella se retorciera de dolor. Los dedos fueron sustituidos por el pene de Patrick, que poco a poco fue introduciéndose en su interior, sin parar de empujar pese a los quejidos de ella. Una vez alojado completamente dentro, lo sacó para volverlo a meter completamente a continuación, repitiendo esta operación una y otra vez cada vez más rápido, hasta que el trasero de Sophie dejó de oponer ninguna resistencia. Él se obligó a aguantar todo lo posible sin llegar al orgasmo para que durara lo más posible la agonía de la chica que a esas alturas estaba ya sollozando por el dolor que sentía. Después de unos interminables minutos, por fin, el se corrió, llenando con su semen el recto de la muchacha.

Y así la mantuvo todo el fin de semana, atada y amordazada en la cama, con el trasero expuesto y continuamente violado y regado con su semen.

Las pruebas de Amina – Prologo

Amina leyó de nuevo la nota que le había hecho llegar su abuela, poco antes de partir hacía su encuentro. No dejaba de preguntarse que sería eso tan importante que tenía que contarle y porqué iba a influir tanto en su futuro. Mientras caminaba por la calle, no dejaba de hacer conjeturas sobre su posible mensaje: ¿le habría encontrado marido?, al alcanzar la mayoría de edad ¿recibiría alguna herencia de la que no tenía conocimiento?, ¿tenía algún hermano perdido?, ¿alguna enfermedad hereditaria?

Sin darse cuenta, caminaba cada vez más rápido, impaciente por encontrarse con la anciana, llegando mucho más rápido a su casa de lo que habría llegado en condiciones normales. Al aproximarse al antiguo edificio no pudo evitar sonreír, muchos buenos recuerdos se agolpaban en su mente cada vez que lo veía; allí paso la mayor parte de su niñez, jugando entre los altos árboles que protegían del sol la amplia finca, merendando en el gran porche de piedra en la parte trasera de la vivienda o imaginándose mil historias en el desván las tardes lluviosas. Cuando llegó frente a la verja, antes de que le diera tiempo a elevar la mano para llamar al timbre, las puertas automáticas se abrieron, franqueándole la entrada. Siguió el camino, que tan bien conocía, hasta llegar a la puerta principal de la residencia, donde ya la esperaba su abuela, ataviada con ropas oscuras, como solía vestir desde la muerte de su marido hace muchos años. Una amplia sonrisa se iluminó en el rostro de ambas cuando se cruzaron sus miradas, debido al gran cariño que se profesaban. Se dirigieron hacía la biblioteca de la mansión, donde se instalaron en los cómodos sillones, abrigadas por las estanterías cargadas de miles de libros.

- Querida Amina, –comenzó la abuela- supongo que estarás impaciente por descubrir que es eso tan importante que tengo que contarte.

- Si abuela –contestó la joven.

- Hace muchos años, cuando se construyó esta casa, al excavar para poder poner los cimientos, se descubrieron unas ruinas de lo que parecía ser una antigua capilla. Fátima, una antigua antepasada nuestra, era una mujer muy aventurera a la que encantaban todo tipo de misterios y una noche, escapando del férreo control al que la sometía su padre, se escapó para poder desentrañar todos los misterios que creía ocultaba la antigua capilla.    

 Amina miró con interés a su abuela, no acabando de entender como le podía afectar en algo a ella una historia que tenía más de 800 años (época de la que databa la casa); pero aún así la animó a continuar:

- Continua por favor.

- Bien,–continuó la abuela- el caso es que, pese a las pocas posibilidades de encontrar algo que tenía, si lo encontró y es algo que ha pasado de generación en generación en nuestra familia desde entonces.

- ¿Qué es, abuela? –preguntó Amina, mostrando mucho más interés ahora.

- Tranquila cariño, todo a su debido tiempo –contestó la anciana.

Dicho esto, se levantó y se dirigió hacia una de las estanterías cercanas, de donde sacó un gran libro antiguo y lo depositó en la mesa que había frente a ellas. En el lomo aparecían unos caracteres que Amina no conseguía distinguir, acompañados de la ilustración de una rosa roja enmarcada en un escudo azul.

- En este libro se cuenta la historia de nuestra familia, empezando por Fátima y continuando con sus descendientes hasta bien entrado el siglo XIV. Es un regalo anticipado que te voy a hacer por tu cumpleaños, quiero que lo leas atentamente, pues que conozcas todas estas historias es importante para una decisión que tendrás que tomar próximamente.

- ¿Qué decisión? Cuéntame más, abuela –exigió impaciente Amina- ¿qué es lo que encontró Fátima en la capilla?

- Todo a su debido tiempo, querida niña. Muchas respuestas encontraras en este libro y muchas más preguntas sin responder también. Cuando lo leas volveremos a vernos.

Y así terminó su encuentro. Amina se dirigió a su casa con el libro que le había regalado su abuela, nerviosa por comenzar a leerlo cuanto antes. Cuando llegó, corrió a encerrarse en su cuarto para poder empezar a leer el libro de sus antepasados. Estaba encuadernado en piel, en el lomo aparecían los caracteres extraños que había podido apreciar antes, pero echándoles un vistazo más concienzudamente siguió sin poder descifrarlos. En la cubierta principal aparecía de nuevo el escudo con la rosa roja en su interior, esta vez en relieve, por lo que la joven se entretuvo unos instantes siguiendo su contorno con los dedos. Abrió el libro con cuidado, pues no quería que se estropeara al ser tan antiguo. En la primera hoja aparecía un árbol genealógico un poco extraño, comenzando por Fátima.

A la vista de ese árbol genealógico, Amina se dio cuenta de varias cosas: solo aparecían los nombres de los miembros femeninos de su familia y solo se desarrollaba en el caso de los terceros descendientes que aparecían remarcados en un color más oscuro que los demás. Pensando en ello llegó a la conclusión de que ella era la tercera hija de la tercera hija de su abuela, pero seguía sin saber que significado podría tener. El libro en si era una ampliación del árbol genealógico que aparecía en la primera página, contando los hechos más relevantes de cada miembro integrante del mismo pero con una curiosa coincidencia: nunca se revelaba el motivo del fallecimiento de los terceros miembros de cada generación.