Hace tiempo tuve una relación con un chico unos 8 o 9 años mayor que yo, por aquel entonces yo tendría entorno a los 19 años, una tierna e inocente niñita. Hacía tiempo que había dejado de ser virgen pero mis relaciones no pasaban de lo más habitual, el misionero y poco más. Con él descubrí nuevas sensaciones.
Después de unos meses de tonteo, una noche se calentó la cosa más de lo debido y acabamos en un hotel. A él siempre le llamó la atención el mundo de la dominación, siendo él el amo y en este caso yo la sumisa. Según entramos en la habitación me ordenó desnudarme y quedarme solo con la ropa interior y los zapatos. Ese día yo me había puesto un corsé negro con encajes que a su vez llevaba un portaligas incorporado para las medias y un tanguita negro puesto por encima para que se pudiera quitar sin necesidad de quitar el resto. A continuación me ordenó que le desnudará a él, primero me tuve que agachar para desatarle el calzado, luego desabrocharle la camisa, bajarle los pantalones, etc. Cuando estuvo desnudo me ordenó que se la chupara en esa postura, de rodillas frente a él. Cuando la tuvo bien dura y lubricada se tumbó sobre la cama y quitándome el tanga me situó encima suyo.
Pensaba que me penetraría por delante, hasta ese momento mi culito permanecía virgen. Pero no, enfiló su polla hacía mi cerrado culito que no estaba preparado para esa intrusión. Y poco a poco empezó a presionar, el principio fue lo más doloroso, cuando entraba su capullo destrozando mis esfínteres a su paso, pero una vez concluida esa primera parte me soltó y dejo que fuera yo la que fuera penetrándose poco a poco, controlado la profundidad de la penetración. Dejé caer el peso de mi cuerpo lentamente, dejando que la gravedad cumpliera su trabajo y ensartándome cada vez más en ese duro palo de carne. Casi sin darme cuenta acabe sentada sobre él, ya con todo su miembro en mi interior. Empecé a moverme poco a poco, cada vez cogiendo más confianza y sacando y metiendo su polla casi en su totalidad. Por lo cerrado de mi trasero pronto llegó al orgasmo, haciendo que yo sintiera sus últimas embestidas aún más profundamente si cabe.
Fue la primera vez que me sodomizaban y por tanto la primera vez que se corrían en mi culito. Y realmente me gustó, tanto una cosa como la otra. Desde entonces siempre me ha gustado el sexo anal y echo en falta cuando alguna de mis parejas no me lo hace.