Más de un año

Hace mas de un año que deje a mi pareja, después de casi 5 años. Durante todo este tiempo he intentado huir en lo posible de los compromisos, no quiero enamorarme para que no me puedan hacer daño.

Como he dicho antes, lo he intentado, aunque no he sido capaz de conseguirlo. En estos meses he estado con varias personas, Javi, el catalán, el mulato, El santo, Hotch y el de la Mora. Por los tres primeros no sentí nada, solo estaban en el lugar preciso, en el momento preciso; con el catalán fue con el único con el que se alargó la cosa en el tiempo, pero más por conveniencia que por otra cosa. De El santo me enamoré, ha sido el único capaz de hacerme daño. Hotch solo fue un intento de olvidar a El santo. Y al de la Mora aún no sé cómo catalogarle.

Pensándolo fríamente no siento nada por él, como con los tres primeros, estaba en el lugar preciso en el momento preciso. Pero por otro lado me siento extraordinariamente bien cuando estoy con él. El fin de semana pasado me sentí muy feliz a su lado, me gustaba estar en sus brazos, sin hacer nada en todo el día, ver la tele, comer, jugar con el gato, follar, besarnos y sobretodo sentir sus caricias sobre mi piel. Este último punto es el más extraño viniendo de mi, nunca me ha gustado el contacto físico, me suele agobiar que me estén tocando en todo momento y sin embargo, me gusta que el de la Mora lo haga y yo también siento necesidad de hacerlo, de acariciarle el brazo mientras tomamos algo, de entrelazar nuestras manos cuando caminamos, de abrazarle sin motivo aparente. Luego esta otro tema también raro viniendo de mi… tengo una capacidad aplastante para agobiarme ante el más mínimo motivo, las llamadas, los mensajes sin razón, nunca me han gustado, hablar por hablar lo odio y sin embargo me gusta que el me llame y me escriba sin motivo, me hace sonreír recibir cualquier tontería de su parte, aunque solo sea una carita a través del msn, un cómo estás. Y no me agobia que él lo haga, me gusta y lo echo en falta cuando no lo hace. No sé si soy yo la que esta cambiando o si por el contrario es él quien esta haciendo que cambie.

Escuela para ingenieros

Después de varios años de arduo trabajo, por fin acabé mi querida carrera, en ese momento tenía dos opciones: lanzarme de lleno hacía el mundo laboral o bien mejorar aún más mis estudios asistiendo a unos cursos de verano para especializarme aún más. Me decidí por la segunda opción…

Estos cursos se impartían en una casa de campo cercana a una base aérea abandonada, ideal para probar todo tipo de prototipos y demás cosas que fueran surgiendo. Aparecí el día y a la hora convenida, rápidamente me hicieron pasar a la sala de reuniones donde procederían a presentarnos al cuerpo docente y a nuestro responsable directo. Según me explicaron cuando me inscribí cada alumno dependeríamos de un profesor en especial, que sería el encargado de seguir nuestra evolución y ayudarnos cuando fuera necesario. Después de las presentaciones pasaron a enseñarnos nuestros dormitorios, debido a que nos encontrábamos en un lugar bastante alejado de todo, dormiríamos también allí.

Las clases comenzaron al día siguiente de las presentaciones, esa misma tarde me resultó raro que algunas compañeras se quejaran al sentarse o lo hicieran con extremo cuidado, pero no le dí mucha importancia hasta que una compañera me contó que era debido a que habían sido castigadas. ¿Castigadas? En un primer momento me pareció surrealista que a nuestra edad alguien pudiera castigarnos físicamente, así que tuve mucho cuidado de no hacer nada que pudiera hacer que me castigaran a mi también. Pero una noche fui con mis amigas a la base, como hacíamos siempre después de cenar, y entre unas cosas y otras se nos hizo más tarde de lo debido y cuando volvimos a nuestros dormitorios ya había pasado (y mucho) el toque de queda. Pensamos que nadie se había dado cuenta, pues al entrar no vimos que nos esperaran ni nada parecido, pero al día siguiente después de las clases de la mañana, nos llamaron a cada una al despacho de nuestros respectivos profesores.

Cuando me encontré con el mio en su despacho empezó a sermonearme a cerca de la poca consideración que habíamos tenido al desaparecer durante horas y volver tan tarde, mucho después de la hora convenida. Durante toda esa charla yo lo único que pude hacer fue bajar la mirada esperando que el castigo no fuera demasiado duro. Me hizo colocar sobre sus rodillas, levantó mi falda dejandola enrollada en mi cintura y bajó mis braguitas hasta mis rodillas. En esa posición tan humillante comenzó a azotarme, dejando caer su mano primero en una nalga para luego dejarla caer en la otra, siguiendo esa cadencia, nalga derecha, nalga izquierda, nalga derecha, nalga izquierda… Sin previo aviso cambió el ritmo y me daba dos en la nalga derecha, para luego darme uno en la izquierda y después tres en la derecha. El dolor que me producían sus azotes era cada vez era más intenso, en un momento dado intenté taparme las nalgas con mis manos, pero rápidamente me sujetó las manos a la espalda para incrementar aún más los golpes. Mis nalgas ya estaban completamente rojas, ese día la que tendría problemas para sentarme sería yo…

Me ayudó a levantarme y me colocó la ropa, diciéndome que aún no habíamos acabado. Me mandó ir a la cocina y pedir a una de las cocineras una raíz de jengibre. Sin entender nada fui rápidamente a cumplir con lo que me había pedido, bajé hasta las cocinas y pedí el jengibre. Una de la cocineras me miró con lastima y puso en mis manos una bandeja con un cuenco de agua, un cuchillo y el jengibre, este parecía una mano con sus cinco dedos. Con la bandeja en las manos volví al despacho del profesor que me indicó que lo pusiera sobre la mesa. Me hizo sentar sobre sus rodillas mientras el preparaba la raíz. Primero cortó uno de los dedos, no demasiado grueso pero si bastante alargado, lo sumergió en el agua y comenzó a pelarlo y cortarlo hasta dejarlo redondeado por la punta; también dejó un poco más estrecha una zona cercana a la base. Yo no sabía muy bien el uso que le iba a dar, pero empezaba a imaginarmelo y no me gustaba nada. Me volvió a colocar sobre sus rodillas, subiendo mi falda y bajando mis braguitas, con una mano separó mis nalgas y con la otra comenzó a introducir la raíz por mi culito, debido al agua y a la naturaleza del material, se deslizaba fácilmente y rápidamente estaba totalmente dentro. Al principio comencé a notar cierto escozor, pensaba que era debido a la dilatación que estaba produciendo eso en mi trasero, pero cuando comenzó a azotarme de nuevo recordé que había leído en algún sitio la naturaleza irritante que tenía el jengibre… Y así era, con cada nuevo azote se hacía todavía más patente la raíz que tenía en mi trasero, escociendome cada vez más, dejando de lado el dolor que me producían los azotes para concentrarme solo en el escozor.

Cuando por fin terminó el castigo, sacó el jengibre de mi trasero y subió mis braguitas y recordandome que debía llegar a mi hora por las noches me despidió para que pudiera ir a la siguiente clase.

Reflexiones con un geoingeniero

Esta mañana, en la oficina, no sé como hablando con un conocido, nos hemos puesto a reflexionar sobre la razón por la qué cuando tenemos pareja estable el número de veces que mantenemos relaciones sexuales a lo largo de la semana baja considerablemente comparado a cuando no la tenemos.

Mi reflexión es que cuando tenemos pareja se cambian las prioridades, el sexo pasa a un segundo plano para dar más importancia al cariño, la seguridad, etc. Y que cuando no tenemos una relación el sexo es lo principal pero hay que tener cuidado si no queremos acabar siendo pareja y observar las señales que se nos presentan. Para ello un ejemplo: te dice tu amante de turno “vamos este fin de semana a la ciudad X que he encontrado un hotel de 5 estrellas la mar de chulo”, tú en ese momento piensas que no vas a salir del hotel en los dos días, pero cuando llegas, error, quiere que salgáis a visitar la ciudad, así que después de estar todo el día para arriba y para abajo pateándolo todo, cuando por la noche regresáis al hotel estáis tan casados que ni sexo ni nada, solo una ducha y a dormir. En ese momento es cuando te tienes que plantear que es lo que quieres, sexo salvaje y desenfrenado, por lo que te tendrás que buscar a otro amante, o pasear con él de la mano y haceros fotos como unos turistas más.

Su reflexión es que son tres procesos secuenciales, el tener pareja estable no tiene por qué implicar la ausencia casi total de relaciones sexuales, o bien que estas dejen de ser tan intensas; igual que no renunciamos a realizar ciertas actividades (salir de fiesta, hacer deporte, etc.) que no compartimos con nuestra pareja y para las que necesitamos la implicación de terceras personas, el sexo puede considerarse una más de estas actividades, sin que ello implique una “infidelidad” en el sentido habitual de la palabra. Nadie se consideraría infiel a su pareja por el simple hecho de quedar una tarde para ver un partido con nuestro grupo de amigos. ¿Por qué no puede suceder lo mismo en el plano sexual? ¿Es necesario cambiar nuestra mentalidad atrofiada por años y años de religión represiva, para aceptar el sexo con la misma naturalidad que el resto de actividades? Ello, no implica la pérdida del resto de emociones, sentimientos, deseos y demás, que mantienen unida a una pareja. Más bien, al contrario, podría unirla, en el caso de discrepancias en el ámbito sexual…

Yo estoy de acuerdo con la reflexión del geoingeniero, pero con ciertos matices. Si nos encontramos en una relación entre dos personas, llamémoslas A y B y entre ellas las relaciones sexuales son a gusto de los dos integrantes, pero un buen día B decide mantener relaciones con una tercera persona llamada C, nos podemos encontrar con que B al mantener una relación de carácter no afectiva, sino solo sexual, empiece a desatender sus relaciones con A propiciando que A a su vez se busque a un individuo D que le aporte lo que B ha dejado de suministrarle. Por tanto si: A -> B pero B -> C dará lugar a A -> D. En contra de esto se puede pensar que B no desatenderá sus relaciones afectivas con A.

La única solución que se me ocurre es que si en una relación entre A y B, por las razones X que sean, los dos no necesitan la misma intensidad de relaciones sexuales, siendo A quien tiene menos necesidad y B quien tiene mayor; si será ético que B busque mantener esas relaciones que necesita con una tercera persona C, pero no lo será cuando aún teniendo la misma necesidad de mantenerlas en el seno de la pareja, B se busque a una tercera persona C. En esa última situación si se consideraría infidelidad e implicaría que hay algo que no funciona.

Mi primera vez… por detrás

Hace tiempo tuve una relación con un chico unos 8 o 9 años mayor que yo, por aquel entonces yo tendría entorno a los 19 años, una tierna e inocente niñita. Hacía tiempo que había dejado de ser virgen pero mis relaciones no pasaban de lo más habitual, el misionero y poco más. Con él descubrí nuevas sensaciones.

Después de unos meses de tonteo, una noche se calentó la cosa más de lo debido y acabamos en un hotel. A él siempre le llamó la atención el mundo de la dominación, siendo él el amo y en este caso yo la sumisa. Según entramos en la habitación me ordenó desnudarme y quedarme solo con la ropa interior y los zapatos. Ese día yo me había puesto un corsé negro con encajes que a su vez llevaba un portaligas incorporado para las medias y un tanguita negro puesto por encima para que se pudiera quitar sin necesidad de quitar el resto. A continuación me ordenó que le desnudará a él, primero me tuve que agachar para desatarle el calzado, luego desabrocharle la camisa, bajarle los pantalones, etc. Cuando estuvo desnudo me ordenó que se la chupara en esa postura, de rodillas frente a él. Cuando la tuvo bien dura y lubricada se tumbó sobre la cama y quitándome el tanga me situó encima suyo.

Pensaba que me penetraría por delante, hasta ese momento mi culito permanecía virgen. Pero no, enfiló su polla hacía mi cerrado culito que no estaba preparado para esa intrusión. Y poco a poco empezó a presionar, el principio fue lo más doloroso, cuando entraba su capullo destrozando mis esfínteres a su paso, pero una vez concluida esa primera parte me soltó y dejo que fuera yo la que fuera penetrándose poco a poco, controlado la profundidad de la penetración. Dejé caer el peso de mi cuerpo lentamente, dejando que la gravedad cumpliera su trabajo y ensartándome cada vez más en ese duro palo de carne. Casi sin darme cuenta acabe sentada sobre él, ya con todo su miembro en mi interior. Empecé a moverme poco a poco, cada vez cogiendo más confianza y sacando y metiendo su polla casi en su totalidad. Por lo cerrado de mi trasero pronto llegó al orgasmo, haciendo que yo sintiera sus últimas embestidas aún más profundamente si cabe.

Fue la primera vez que me sodomizaban y por tanto la primera vez que se corrían en mi culito. Y realmente me gustó, tanto una cosa como la otra. Desde entonces siempre me ha gustado el sexo anal y echo en falta cuando alguna de mis parejas no me lo hace.

No es justo

Puedo decir que, aunque no hace mucho tiempo que le conozco, estoy con alguien que me aporta cariño, seguridad, buen sexo, se molesta por agradarme, todos los días quiere saber de mi… No sé que nos deparará el futuro, tal vez sea el hombre de mi vida o tal vez todo esto se quede sólo en un par de polvos,  realmente a día de hoy no es algo que me preocupe especialmente.

Lo que si me preocupa es que aún estando en estado de enamoramiento o como se quiera llamar no dejo de pensar en El santo. Intentado ver las cosas de una manera objetiva, lo más objetiva posible tratadose de mi misma, el de la mora ha hecho más cosas por mi en estos 10 días que El santo en 6 meses, no ha habido día que no me haya hecho saber de él, este fin de semana cuando estaba en un festival de música me ha escrito todos los días, cuando El santo se iba a una cosa de esas desaparecía de la faz de la tierra. Sé que las comparaciones son odiosas, pero no puedo evitar hacerlo… Con el de la mora si siento que tiene cierto interes en mi más allá de metermela pero tampoco sé hasta que punto… Con él tengo la tranquilidad de que cuando me dice que este finde nos vemos nos vamos a ver, con El santo era siempre una incertidumbre.

No es justo que por pensar en El santo pueda estropear esto que esta empezando…

El sueño

Siento como su lengua se desliza por mis pechos, entreteniéndose largo rato en mis pezones, mientras sus dedos buscan la fuente de la humedad que mana de mi, acariciando suavemente mi entrepierna. Al notar el contacto de sus dedos, mi espalda se arquea y elevo mis caderas tratando de sentir aún más sus caricias, empiezo a moverlas en círculos acompasando mis movimientos con los suyos, incrementando la intensidad de sus movimientos sobre mi piel. Poco a poco sus dedos se van introduciendo en mi, los gemidos escapan de mis labios según la penetración se hace más profunda. Su boca sigue en mis pechos, haciendo delicias con mis pezones, saboreándolos como si fuera el manjar más exquisito de la tierra. Incrementa el movimiento con sus dedos, penetrándome aún más profundamente y con mayor intensidad, haciéndome llegar en ese momento a un placentero orgasmo. Lleva sus dedos a mis labios y me hace lamer y saborear los flujos que los empapan. Sin parar de besar mis pechos se coloca sobre mí y me penetra con su miembro, suavemente, hasta que nuestros cuerpos se unen completamente. Empieza a moverse de manera acompasada, con pequeñas embestidas que me hacen vibrar de placer. Mis manos rodean su cuello y mis piernas su cadera, quedando sujeta con fuerza a él. Acrecienta cada vez más sus movimientos, haciendo estos más profundos si cabe, saliendo casi al completo de mi para luego volver a entrar completamente. Me hace delirar de placer y cuando ya me encuentro ciega y sorda a todo lo que me rodea, solo concentrada en el punto de unión de nuestros cuerpos estalla él en un sonoro orgasmo haciendo que le acompañe yo también al unísono.

En ese momento me despierto, aún sintiendo los últimos coletazos del orgasmo que acabo de sentir. Por desgracia todo ha sido un sueño, ojalá tuviera a mi lado a un hombre que me hiciera vibrar así de placer. Pero no vale la pena lamentarse, algún día aparecerá mi príncipe azul. Es hora de comenzar el día.

Diferencias

Después de dormir con él por primera vez no he podido evitar comparar lo que he sentido al hacerlo con uno y con el otro. Realmente hay unas cuantas diferencias:

Con El santo:

1 – Cuando dormíamos lo hacíamos separados, no me abrazaba para dormir. Si lo hacía en los momentos previos a quedarnos dormidos, veíamos la tele abrazados hasta que empezaba a quedarme dormida y entonces yo me desplazaba hacía mi lado de la cama y él al suyo.

2 – Cuando nos despertabamos teníamos dos opciones, o follabamos de nuevo o nos levantabamos como si nada, ni besitos ni hostias.

Con el de la mora:

1 – Me abraza antes, durante y después de dormir. Y da igual que haga calor, que estemos sudados o que necesite respirar, da igual… él me abraza.

2 – Cuando nos despertamos me sigue abrazando, de hecho, follamos abrazados, de una manera y otra acabo siempre rodeada por sus brazos.

Yo siempre he sido de las que he pensando que lo de las mariconadas las justas, soy igual de feliz tanto si me están dando constantemente mimos como si me los dan de vez en cuando. El problema viene cuando me acostumbro, me explico, cuando El santo me tenía dos horas abrazada antes de dormir yo estaba ahí tan agustito entre sus brazos, pero luego cuando se separaba me quedaba como diciendo “eh!! que quiero más”, sin embargo cuando no me abrazaba no pasaba nada, no necesitaba que lo hiciera. Sin embargo con el otro, el de la mora, al estar siempre siempre abrazandome llega a agobiar, no es que no me guste que lo haga, pero hay veces que necesito estar sin brazos rodeandome.

Supongo que también influye lo que siento por uno y por el otro, de El santo me llegué a enamorar (tanto me ha costado reconocerlo que parece que ahora lo proclamo a los cuatro vientos), sin embargo por el de la mora no siento eso, tal vez también porque hace dos semanas que le conozco.

Todo es un lío…

Llegando a casa

Ese día salí de trabajar más tarde de lo normal por lo que cuando llegué a cada era ya noche cerrada. Nada más entrar deje el bolso tirado de cualquier manera sobre el aparador y me dirigí al salón sin encender las luces para depositar la chaqueta sobre el sofá. Cuando me estaba acercando alguien me agarró por detrás, tapándome la boca y empujándome con su cuerpo, dejándome apoyada en el reposabrazos del mueble. Me ató las manos a la espalda, subió mi falda y bajo mis braguitas metiéndolas en la boca para que sirvieran de mordaza.

En esa postura mi trasero quedaba más elevado que el resto de mi cuerpo, los pies los tenía apoyados en el suelo, pero para mantener el equilibrio tuve que separar mis piernas. De esa manera le daba a mi agresor una visión total de mis dos agujeros pues iba completamente depilada y no había manera de ocultar nada. Con una de sus manos presionaba en mi espalda para que no pudiera moverme, mientras que con los dedos de la otra comenzó a acariciarme consiguiendo que me humedeciera rápidamente. Comenzó a introducir sus dedos por mi coño, sin ninguna compasión, aún no estaba mojada del todo y me hacía daño al entrar, pero lejos de importarle siguió cada vez abriéndome con más dedos hasta tener cuatro en mi interior. Me follaba con su mano salvajemente, girando sus dedos cuando estaban dentro para luego sacarlos y volverlos a meter. Intentaba resistirme y empecé a patalear lo que hizo que me ganara un par de azotes y sacará sus dedos violentamente de mi. Se separó unos instantes de mi cuerpo, pero rápidamente volvió y escupiendo sobre mi ano empezó a meter un objeto redondeado por el mismo. Cuando estuvo bastante dentro, me habló y me dijo con una voz que no reconocí:

-          Te acabo de meter una vela por el culo, ahora encenderé la mecha y dejaré que se vaya derritiendo la cera. Si te mueves e intentas impedir lo que te estoy haciendo, la cera resbalara mucho más rápido y te quemaras con ella. Yo que tú me estaría quietecita…

Y así fue, escuché el chasquido de un mechero al encenderse y prendió la vela que sobresalía de mi trasero. Y comenzó a follarme de nuevo con sus dedos, yo intentaba no moverme, simplemente dejarme hacer, pero ya sólo con el movimiento de mis caderas al recibir las embestidas de sus dedos la cera comenzó a derramarse quemando la piel cercana a la entrada de mi recto. Empezó a jugar de esa manera, me los metía cada vez más profundamente de un solo golpe, haciendo que si yo poder impedirlo, moviera mis caderas y un chorro de cera caliente cayera sobre mi piel. Permaneció así durante mucho tiempo, la rajita entre mis nalgas estaba casi cubierta en su totalidad por la cera derramada y mi coño completamente humedecido por las manipulaciones de sus dedos. Sin previo aviso sacó sus dedos y apagó la vela, sacándola también de mi interior pero dejando la cera que había caído donde estaba.  Volvió a hablar:

-          Ahora te voy a limpiar la cera que tan estupendamente ha quemado tu culito, no te muevas mucho, pues lo haré con los golpes que te daré con mi cinturón. Cuanto más te muevas menos preciso podré ser y mas azotes te llevaras.

Y dicho y hecho, se desabrochó el cinturón y comenzó a azotarme, al principio suavemente, yo escuchaba como cortaba el aire antes de estrellarse contra el centro de mis nalgas, pero poco a poco fue incrementando la intensidad de los golpes, cada vez más rápido, ya no conseguía distinguir el ruido entre un azote y otro que cruzaban ahora la totalidad de mis nalgas. Cuando se quedó satisfecho con el resultado soltó el cinturón y esta vez acercando sus dedos a mi ano comenzó a penetrarlo. Siguió el mismo ritual que había seguido antes con mi coño, metiendo cada vez más dedos por él y cuando ya estaban dentro empezando a girarlos en mi interior.

Mi primera vez

Cuando tenía 16 añitos tenía un grupito de amigas con las que nos ibamos turnando para dormir cada fin de semana en casa de una. Un fin de semana de junio coincidió que sólo nos pusimos de acuerdo dos de nosotras, quedandome yo a dormir en su casa. Sus padres estaban de vacaciones así que nos quedamos al cuidado de su hermano mayor que tenía 23 años por aquel entonces.

Nosotras por aquel entonces eramos muy inocentes, no fumabamos, no bebíamos, nuestros novios del colegio lo más que hacían era pedirnos permiso para cogernos de la mano… Así que la tarde del sábado la pasamos remojandonos en la piscina y por la noche nos pusimos a ver películas en la televisión. Su hermano salió con sus amigos, así que nos quedamos solas en casa. Terminada la película que estabamos viendo nos pusimos a hacer zapping y nos encontramos con la típica película porno del plus e inocentes como eramos nos pusimos a verla, alucinando con lo que estabamos viendo, de hecho debía ser la primera vez que veíamos a un hombre desnudo. Tan concentradas estabamos, que no nos dimos cuenta de que su hermano regresó a casa con un amigo y nos pillaron mirando la televisión con la boca abierta. Cuando nos dimos cuenta de que estaban allí nos abalanzamos las dos hacía el mando como si nos fuera la vida en ello, pero ya era tarde, se habían dado cuenta perfectamente de lo que estabamos viendo… Así que se sentaron con nosotras y poniendo de nuevo la película nos obligaron a terminar de verla. Cuando esta terminó nos empezaron a preguntar por nuestra experiencia, si teníamos novio, si nos besabamos con lengua con ellos, si dejabamos que nos tocaran… Con nuestras respuestas vieron que mucha experiencia no teníamos, por no decir ninguna, así que se ofrecieron a enseñarnos. Hay que decir que su hermano era mi amor platónico y su amigo el de mi amiga, así que mucho no nos lo pensamos antes de aceptar. Nos sentaron sobre sus rodillas y comenzaron a enseñarnos a besar, primero sin lengua para luego pasar a introducirla en nuestras bocas, poco a poco sus manos se fueron haciendo más atrevidas, pasaron de acariciarnos por encima de la ropa a introducirlas por nuestras faldas y camisetas y acariciar nuestra piel.

Después de un rato de besos y sobeteos varios nos subieron a las habitaciones, yo con su hermano a la suya, y mi amiga con el otro a la de ella. Cuando llegamos me tumbó sobre la cama y siguió besandome a la vez que empezaba a desnudarme, me quito la falda y la camiseta para luego hacer lo mismo con mi sujetador y mis braguitas. Era la primera vez que me veía un hombre desnuda, así que muerta de vergüenza trataba de cubrirme mientras él me lo impedía. Cada vez sus caricias eran más intensas, cada vez que se detenía entre mis piernas hacía que me estremeciera y poco a poco se me fue pasando la timidez. El se tumbó a mi lado y cogiendo una de mis manos la dirigió a su miembro para enseñarme a tocarle también, deslizando mi mano cubierta por la suya por toda su dureza mientras no paraba de comerme la boca, introduciendo violetamente su lengua. Empezó a besar todo mi cuerpo, bajando por mi cuello, mis pechos y mi vientre, hasta llegar a mi entrepierna, donde estuvo largo rato utilizando su lengua. Cuando se me empezaban a escapar varios gemidos se incorporó y separandome aún más las piernas comenzó a penetrarme, lentamente, introduciendo poco a poco su polla en mi interior. Al principio no sentía ningún dolor, le costaba entrar pero nada más, pero cuando se encontró con la barrera de mi himen se acostó totalmente sobre mi y tapando mi boca con la suya dió el empujón final. Eso si que me dolió pero mi grito de dolor quedó cubierto por su boca. Permaneció unos segundos sin moverse, esperando a que me acostumbrara a tenerle dentro, pero en seguida comenzó a moverse, despacio al principio para luego ir incrementando el ritmo cada vez más. Al final sus movimientos eran tan bruscos que el colchón comenzó a separarse de la pared y en ese momento se corrió, sacandola rapidamente de mi para depositar toda su semilla sobre mi vientre.

Como experiencia física no fue una de las mejores que recuerdo, de hecho no llegué al orgasmo, problablemente porque estaba demasiado nerviosa en esos momentos. Pero si fue una experiencia muy bonita de la que guardo un buen recuerdo, después de esa primera vez seguimos acostandonos durante bastante tiempo, pero esa ya es otra historia…

El baño

Después de un largo día de trabajo me moría por llegar a casa y darme un gran baño de espuma, me lo merecía. Así que según entre por la puerta fui al baño y comencé a llenar la bañera de agua mientras me desnudaba. Le eché sales y jabón para que fuera creándose la espuma, puse uno de mis discos preferidos en la cadena de música, encendí unas cuantas velas para crear ambiente y cuando ya estaba todo listo me metí en la bañera dispuesta a relajarme.

Cerré los ojos y dejé que el agua caliente fuera desentumeciendo mis doloridos músculos. Cada vez estaba más relajada así que poco a poco comencé a acariciarme los pechos con una mano, pasando suavemente por mis pezones, rodeándolos y pellizcandolos. Mi mano continuó su periplo por mi cuerpo bajando hasta mi vientre, acariciando mi ombligo para luego seguir bajando. Separé mis piernas quedando totalmente abierta para que mis dedos pudieran hacer su trabajo. Empecé a acariciarme poco a poco, localizando rápidamente mi clítoris y masajeandolo fuertemente mientras aprovechaba para introducir dos dedos en mi interior. Así seguí hasta llegar al éxtasis, momento en el que arqueé mi espalda sintiendo como las corrientes de placer recorrían todo mi cuerpo. Después de eso quedé totalmente relajada y empecé a dormitar aún cubierta por el agua tibia del baño.

No sé cuanto tiempo pasé así, pero de repente sentí algo presionando contra mi cara, impidiendome respirar, intenté debatirme sin éxito, quien quiera que lo estuviera haciendo era mucho más fuerte que yo. Después de unos segundos, que a mi me parecieron horas todo se volvió oscuro, caí en la inconsciencia. Cuando desperté ya no estaba en el baño, me encontraba tendida sobre un colchón, boca abajo, las muñecas atadas a mi espalda, mi boca amordazada, los tobillos firmemente separados y atados a las esquinas de la superficie en la que estaba y un almohadón bajo mi vientre haciendo que mi trasero quedara elevado. Intenté moverme y desatar mis muñecas, pero no lo conseguí, cuando ya me dí por vencida escuché una voz detrás preguntandome si ya estaba despierta, no podía contestar, la mordaza ahogaba mi voz. Noté sus manos recorrer mi espalda, acariciandomela entera hasta llegar a mi culo, empezó a masajear mis nalgas, separandolas, pasando sus dedos entre ellas… Ante ese contacto, intenté moverme pese a lo limitado de mis posibles movimientos, pero a parte de no conseguir parar sus caricias, conseguí que me diera un sonoro azote que hizo que me estuviera quieta y me dejara hacer. Y así siguió, pasando sus dedos por todo mi cuerpo, a veces se internaba entre mis nalgas, separandolas, acariciandome y presionando en mi entrada trasera pero sin llegar a introducir sus dedos, luego seguía hacía mi coñito, acariciandome pero sin llegar a penetrarme con los dedos. Con tanta caricia yo empezé a excitarme y no pude evitar algún gemido ahogado.

Cambió sus dedos por algo más contundente, supongo que sería algún tipo de consolador o algo parecido, primero recorrió con él mi espalda hasta llegar a mi trasero donde se detuvó largo rato tratando de introducirse en él pero sin presionar demasiado, hizo la misma operación con mi coño donde con un leve empujón se metió casí al completo. Empezó a follarme con eso, cada vez más fuerte obligandome a correrme y a quedar completamente humillada. Con el consolador bien humedo de mis fluidos lo dirigió de nuevo hacía mi culo donde poco a poco empezó a entrar, abriendome entera, metiendolo lentamente para que notara como me iba abriendo. Cuando estuvo dentro completamente lo dejo ahí metido, sin moverlo, lo fijo con una cinta atada a mi cintura para que no pudiera salirse y entonces se separó de mi. Escuché como sus pasos se alejaban y me dejó sola, con ese intruso alojado en mi interior. No sé cuanto tiempo pasé en esa situación, solo sé que mucho rato después volvió y sacó sin miramientos en objeto de mi culo, para pasar a introducirme sin dilación otro mucho mayor. Yo no podía oponer ninguna resistencia, tumbada en esa posición y con las piernas totalmente separadas, todo mi cuerpo, en especial mi coño y mi culo estaban a su total disposición. Escuché como se desabrocahaba el cinturón, pensé que se desnudaría y se colocaría detras de mi para follarme por delante mientras estaba llena por detrás, pero no, lo siguiente que escuché fue el ruido que hacía el cinturón al cortar el aire y estrellarse a continuación contra mi culo. Con cada nuevo azote yo no podía evitar hacer fuerza con las nalgas de modo que notaba aún más si cabe el enorme consolador de mi culo. Yo sollozaba, ahogando mis sollozos con la mordaza que aún llevaba puesta. Fueron muchos azotes, mi trasero debía estar en carne viva cuando por fin paró y vació mi culo… Pero no por mucho tiempo, al poco era él el que penetraba sin compasión mi maltrecho culito, agarrando mis caderas para follarme aún más fuerte; después de unas cuantas embestidas, pocas afortunadamente, se corrió dentro de mi. Se separó y volvió a meterme el consolador de nuevo, no queriendo que se me escapase ni una gotita de su semen.

En ese momento pasó una venda por mis ojos y desató mis tobillos, me hizo voltear y que quedara boca arriba para volver a atarme. Ató de nuevo mis tobillos a cada esquina del colchón y repitió la operación con mis muñecas, esta vez dejandome tanto con las piernas como con los brazos totalmente separados. Colocó un almohadón bajo mis nalgas para que mis caderas quedaran elevadas y en esa posición volvió a follarme, esta vez por delante mientras estaba llena por detras. Con cada embestida se me clavaba aún más el consolador de mi trasero, sentía que iba a estallar, pero no por eso él paraba de embestirme cada vez más salvajemente. Yo solo deseaba que se corriera y acabara con ese tormento. No tardó mucho en hacerlo, llenando mi coñito también con su leche.

Poco tiempo después presionó mi rostro con un pañuelo impregnado con algo y volví a caer inconsciente. Cuando desperté estaba en mi bañera, cubierta con el agua ya tibia. Durante unos instantes dude si todo había sido producto de un sueño, pero no, mi trasero seguía aún lleno con el consolador y mis nalgas estaban rojas como tomates…