Después de un largo día de trabajo me moría por llegar a casa y darme un gran baño de espuma, me lo merecía. Así que según entre por la puerta fui al baño y comencé a llenar la bañera de agua mientras me desnudaba. Le eché sales y jabón para que fuera creándose la espuma, puse uno de mis discos preferidos en la cadena de música, encendí unas cuantas velas para crear ambiente y cuando ya estaba todo listo me metí en la bañera dispuesta a relajarme.
Cerré los ojos y dejé que el agua caliente fuera desentumeciendo mis doloridos músculos. Cada vez estaba más relajada así que poco a poco comencé a acariciarme los pechos con una mano, pasando suavemente por mis pezones, rodeándolos y pellizcandolos. Mi mano continuó su periplo por mi cuerpo bajando hasta mi vientre, acariciando mi ombligo para luego seguir bajando. Separé mis piernas quedando totalmente abierta para que mis dedos pudieran hacer su trabajo. Empecé a acariciarme poco a poco, localizando rápidamente mi clítoris y masajeandolo fuertemente mientras aprovechaba para introducir dos dedos en mi interior. Así seguí hasta llegar al éxtasis, momento en el que arqueé mi espalda sintiendo como las corrientes de placer recorrían todo mi cuerpo. Después de eso quedé totalmente relajada y empecé a dormitar aún cubierta por el agua tibia del baño.
No sé cuanto tiempo pasé así, pero de repente sentí algo presionando contra mi cara, impidiendome respirar, intenté debatirme sin éxito, quien quiera que lo estuviera haciendo era mucho más fuerte que yo. Después de unos segundos, que a mi me parecieron horas todo se volvió oscuro, caí en la inconsciencia. Cuando desperté ya no estaba en el baño, me encontraba tendida sobre un colchón, boca abajo, las muñecas atadas a mi espalda, mi boca amordazada, los tobillos firmemente separados y atados a las esquinas de la superficie en la que estaba y un almohadón bajo mi vientre haciendo que mi trasero quedara elevado. Intenté moverme y desatar mis muñecas, pero no lo conseguí, cuando ya me dí por vencida escuché una voz detrás preguntandome si ya estaba despierta, no podía contestar, la mordaza ahogaba mi voz. Noté sus manos recorrer mi espalda, acariciandomela entera hasta llegar a mi culo, empezó a masajear mis nalgas, separandolas, pasando sus dedos entre ellas… Ante ese contacto, intenté moverme pese a lo limitado de mis posibles movimientos, pero a parte de no conseguir parar sus caricias, conseguí que me diera un sonoro azote que hizo que me estuviera quieta y me dejara hacer. Y así siguió, pasando sus dedos por todo mi cuerpo, a veces se internaba entre mis nalgas, separandolas, acariciandome y presionando en mi entrada trasera pero sin llegar a introducir sus dedos, luego seguía hacía mi coñito, acariciandome pero sin llegar a penetrarme con los dedos. Con tanta caricia yo empezé a excitarme y no pude evitar algún gemido ahogado.
Cambió sus dedos por algo más contundente, supongo que sería algún tipo de consolador o algo parecido, primero recorrió con él mi espalda hasta llegar a mi trasero donde se detuvó largo rato tratando de introducirse en él pero sin presionar demasiado, hizo la misma operación con mi coño donde con un leve empujón se metió casí al completo. Empezó a follarme con eso, cada vez más fuerte obligandome a correrme y a quedar completamente humillada. Con el consolador bien humedo de mis fluidos lo dirigió de nuevo hacía mi culo donde poco a poco empezó a entrar, abriendome entera, metiendolo lentamente para que notara como me iba abriendo. Cuando estuvo dentro completamente lo dejo ahí metido, sin moverlo, lo fijo con una cinta atada a mi cintura para que no pudiera salirse y entonces se separó de mi. Escuché como sus pasos se alejaban y me dejó sola, con ese intruso alojado en mi interior. No sé cuanto tiempo pasé en esa situación, solo sé que mucho rato después volvió y sacó sin miramientos en objeto de mi culo, para pasar a introducirme sin dilación otro mucho mayor. Yo no podía oponer ninguna resistencia, tumbada en esa posición y con las piernas totalmente separadas, todo mi cuerpo, en especial mi coño y mi culo estaban a su total disposición. Escuché como se desabrocahaba el cinturón, pensé que se desnudaría y se colocaría detras de mi para follarme por delante mientras estaba llena por detrás, pero no, lo siguiente que escuché fue el ruido que hacía el cinturón al cortar el aire y estrellarse a continuación contra mi culo. Con cada nuevo azote yo no podía evitar hacer fuerza con las nalgas de modo que notaba aún más si cabe el enorme consolador de mi culo. Yo sollozaba, ahogando mis sollozos con la mordaza que aún llevaba puesta. Fueron muchos azotes, mi trasero debía estar en carne viva cuando por fin paró y vació mi culo… Pero no por mucho tiempo, al poco era él el que penetraba sin compasión mi maltrecho culito, agarrando mis caderas para follarme aún más fuerte; después de unas cuantas embestidas, pocas afortunadamente, se corrió dentro de mi. Se separó y volvió a meterme el consolador de nuevo, no queriendo que se me escapase ni una gotita de su semen.
En ese momento pasó una venda por mis ojos y desató mis tobillos, me hizo voltear y que quedara boca arriba para volver a atarme. Ató de nuevo mis tobillos a cada esquina del colchón y repitió la operación con mis muñecas, esta vez dejandome tanto con las piernas como con los brazos totalmente separados. Colocó un almohadón bajo mis nalgas para que mis caderas quedaran elevadas y en esa posición volvió a follarme, esta vez por delante mientras estaba llena por detras. Con cada embestida se me clavaba aún más el consolador de mi trasero, sentía que iba a estallar, pero no por eso él paraba de embestirme cada vez más salvajemente. Yo solo deseaba que se corriera y acabara con ese tormento. No tardó mucho en hacerlo, llenando mi coñito también con su leche.
Poco tiempo después presionó mi rostro con un pañuelo impregnado con algo y volví a caer inconsciente. Cuando desperté estaba en mi bañera, cubierta con el agua ya tibia. Durante unos instantes dude si todo había sido producto de un sueño, pero no, mi trasero seguía aún lleno con el consolador y mis nalgas estaban rojas como tomates…